¿Qué es la Psicogeografía?

Esta es quizá una pregunta dficil de responder cuando se aborda un campo que ha comenzado a aparecer como resultado de los diálogos entres distintas disciplinas científicas. Por lo que todavía no es un conocimiento que sea reconocido por la mayoría de los científicos del mundo. Pero, sabemos que a Karl Marx le costó un poco más de trabajo lograr que las personas leyeran sus libros antes de opinar sobre el tema que a Charles Darwin (ícono de la recientemente descubierta: cultura pop mundial). Sobre todo si pensamos que acaban de mansillar su tumba… 2 siglos después.

Desde luego, eso no significa que incluso en el siglo XXI, los crstianos, judios, muslmanes, neoliberales, nacional-socialistas, anarcoprimitivistas y pseudo-comunistas (Hello deer people! Comunism and Globalization are both the same “idea”) y demás personas que en la historia, a nombre de cualquier idea, cometieron actos inombrables e irreconocibles de otra manera. Y ya que estas palabras siguen siendo “polémicas”, es evidente que no se han resulto todavía los conflictos con la historia, pero la realidad es que nuestro cereal y el telefono que usamos para compartir éste post no es 100% (inserte su país aquí)… ni todos los estadounidenses y venezolanos, son igual de estúpidos que Donald Trump y Nicolas Maduro. Pero no debemos alarmarnos, pues los terraplanistas, son incluso un desafío que debería preocuparnos todavía más, pues es un desafío para la tan aclamada “razón occidental”. Aunque si viviesemos en Nigería, nos preguntaríamos qué es occidente. Pues Europa no está a la misma distancia en dirección sur que en dirección norte de la esfera en la que vivimos todos juntos.

Lo que nos lleva a preguntarnos sobre un tema relacionado con la tan desprestigiada idea contenida en la palabra “ideología”. Aunque, para ser sincero, siempre es dificil expliocarlo en los términos originales en los que lo planteó Immanuel Kant con la Arquitectónica de la Razón, en su más famosa obra: la Crítica de la Razón Pura. Ni tampoco podemos obviar que, a nadie le gustaron las conclusiones que sacó Karl Marx, de La Riqueza de las Naciones, redactada por Adam Smith (recordado sobre todo por usar un mal ejemplo que involucraba “al mercado, y una mano”) aunque al igual que Kant, tenía una fascinación por la filosofía de David Hume. Esto más o menos es el panorama que debmos tener en mente para entenderlo en su científicidad. Aquí, como dicen los matemáticos y filósofos más arrogantes, solo nos límitamos dejarlo señalado.

El punto es que en medio de todo eso, surgió una pregunta, una pregunta por el espacio y una pregunta por el tiempo. Kant, más o menos decia, lean el libro, en teória cualquier persona es capas de comprenderlo… Aunque los terraplanistas nos han mostrado que Kant jamas pensó que la gente podía crear un submundo de subinterpretaciones y que al final de cuentas Wilhelm Hegel tenía razón, y hay una identidad entre el “ser y el pensamiento”. Una identidad entre dos ideas tan asbtractas que podrían ser, todo y nada, a la vez. O eso era lo que se pensaba hasta el siglo XX (y si, a Marx justamente, ya no le tocó vivir la margía del Cine de Tlalpan y la esencia que se oculta en la película inpirada en Hua Mulan). Fue justo ahí donde llegamos al punto que nos permite respodne rla pregunta que nos trajó aquí, pues todo se centró en dos morros, apasionados de la filosofía. Pero como a los veinte se dejaron de hablar en una pelea de borrachos, no se dieron cuenta de que, uno tenía la respuesta que el otro andaba buscando.

Para quien guste realmente profundizar en lo que está leyendo, se dará cuenta de que en  los libros más importantes de esos dos amigos, se encuentra la respuesta más compleja del presente. En La sociedad del espectáculo de Guy Debord y La producción del espacio de Henri Lefebvre, hay una poderosa concexión entre: la idea y la imagen, el mundo y su representación (Psycogeografía), nosotros y los otros, y yo que escribo y usted que lee, todos nada más que un cuerpo y su conciencia. Fíjense que fue, justamente este pasito perron, el que no lo conoció el buenazó de Immanuel Kant. Pero no hay que juzgarlo, porque sin él no tendríamos ni celularnes, ni televisiones, ni cualquier otro dispositivo que funcione con circuitos electrónicos. Pues La Razón es, de alguna forma, la manera en la que la mayoría de nosotros piensa el mundo todavía, si abrimos ese viejo Gredos que corrimos a comprar cuando los vendían bien barato. Nos daremos cuenta de que la “Geografía”, que nació para conocer al enemigo beligerante que inventó Estrabon, al escribir sus Trece Tomos de Geografía (de los cuales no utilizó ni uno para la epistemología de la disciplina). Pues en esencia su crítica, en el siglo XX, hasta ahora, la más significativa redactada por Neil Smith, nos llevó a la comprensión de que el mundo y la capacidad de producción de espacios radica en la forma en la que se configuren las consciencias de las personas que trabajan y producen plusvalor (trabajo abstractamente humano, pues, bla, bla… mejor leánlo ustedes mismos acudiendo a sus librerías o cafebrerías más cercanas, igual y atrás de la maquina de café, tienen alguno de Adorno). 

Ya que las maquinas han hecho posible la producción con margenes mínusculos de plusvalor al punto de que las cosas se se produscan a sí mismos, ahora las personas tenemos más tiempo, pero como nadie se ha leído ni la Biblia, el Coran o El Capital, no entienden cómo a pesar de eso tenemos cada vez menos ingresos… pero más terraplanistas, ¿es neta? Justamente porque los Gobiernos no han sabido comprender que la mayoría de las ciencias institucionalizadas están obsoletas, pues se aferran a la idea de que hay Leyes inmutables. Aunque hay que decir que las críticas no suelen ser mejores, pues la computadora desde la que escribo tampoco es un objeto que pueda ser considerado ajeno a las “aproximaciones estadísticas” que nos permiten conocer el mundo, aprender de él y almacernarlo en papel.

Ese objeto humanizado que la maquina no puede suplir (aunque en escencia sea lo mismo pero más complejo), por el hecho de que, de otra forma, sería imposible veríficar que alguna vez domesticamos la naturaleza, al punto de que podemos quemar algunos razgos de nuestra cultura recientemente descubierta como mundial, digamos desde el año 2000, para avanzar a otra forma de conviviencia, sin renunciar a algunas de las ventajas que hay en esta. Pero lo primero, es quizá, comenzar prendiendo fuego a algunas viejas ideas, como aquellas que legitiman el patriarcado, el racismo y el clasismo. Buscando comprender que somos humanos compatiendo el mismo mundo. Algunos más cerca de Nigeria, y otros todavía más alejados por las fronteras lingüísticas que nos separan todavía del poder estar todos juntos interconectados. Pero no aceleremos el proceso, pues insistimos en que antes de estar todos conectados, necesitamos prender fuego a algunas viejas ideas y empezar a reconstruir el mundo con las cenizas de algunas de ellas..

Gabriel Petatán García

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