América latina, frente a la gran crisis del marxismo

La historiografía suele hacer un reconocimiento a 1989[1] como el año en que comenzó un proceso de deconstrucción y transfiguración de las ideas asociadas al “comunismo”. Provocado por la simbólica destrucción del Muro de Berlín, tras una tremenda agitación política que comenzó en Polonia y que condujo a una oleada de revoluciones desde lo que, en el imaginario, seguía siendo “comunista”, propagándose a lo largo de la entonces Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas URSS (la mayor parte de ellas, sin consecuencias beligerantes), extendiéndose incluso a Checoslovaquia, Hungría y Bulgaria[2]

Cabe destacar que Rumania fue el único país -de lo que hasta entonces había sido conocido como el “Bloque del Este”- en el que se derrocó violentamente a un “régimen comunista” (ejecutando a su jefe de Estado[3]), provocando una crisis de lo que solía ser caracterizado como “pensamiento utópico” -estrechamente asociado a la idea de “comunismo”-. Puesto que, el levantamiento popular guardaba –para sí- el sentido de lo que implica una revolución (cabe destacar que, gran parte de los marxismos, se asientan bajo estos principios de unidad popular). Es por ello que, el contexto histórico que planteó la disolución formal de la U.R.S.S. en 1991, nos entregó un mundo en el que la posmodernidad se apoderó fácilmente de la filosofía[4], posibilitando la interiorización de la doctrina neoliberal[5] a un punto en que, se volvió parte de nuestras prácticas cotidianas[6]

Cabe aclarar que  el neoliberalismo se sustenta en un frenesí utópico que se aferra a la posibilidad de “libertad del mercado”, una idea que -en sí misma- constituye un oxímoron en el que el sujeto humano es desplazado de la vida social, entregando su libertad a un sujeto sin cuerpo a escala humana que, por ese acto, se ha vuelto autónomo, cuya voluntad es la existencia colectiva de lo que supone producir, distribuir, cambiar y consumir el mundo de forma privado. El Neoliberalismo, como toda idea que ha de hacer lo propio, se corporizó cuando salió de las universidades norteamericanas, e irónicamente, siguiendo el adagio marxiano conocido como “La tesis 11 de Feuerbach” se volvió realidad a través de las acciones de la dictadura cívico-militar de Augusto Pinochet en Chile, tras el bombardeo del 11 de septiembre de 1973[7]. Apelando a un carácter utópico, la doctrina neoliberal se rodeó de un halo de cientificidad sustentado en la apariencia de la lógica del pensamiento “positivista” (su mayor impacto, fue en la Sociología[8]), asentando un régimen de verdad que parecía prácticamente incuestionable.

Soldados estadounidenses y panameños en Ciudad de Panama
14 de diciembre de 1989

Si bien podríamos decir que, en términos generales, entre el 31 de diciembre de 1991 (con la disolución formal del parlamento de la Unión Soviética) y el 11 de septiembre de 2001 (el mismo día en que la dictadura sometió a la unidad popular chilena)[9], el marxismo experimentó el momento de mayor crisis en toda su historia, desvaneciendo cualquier tipo de oposición que evitase la implementación generalizada de las reformas estructurales neoliberales. A partir de entonces, se vivió un proceso de degeneración sistemático de la sociedad que no implicaba una repuesta a las demandas de las revoluciones de 1989. No obstante, su existencia nos entrega al vació que representa no poder desprender la dictadura del comunismo, a pesar de que éste, a diferencia del neoliberalismo y el socialismo, todavía no ha sido mundo –en cuanto corporización de una idea filosófica que fue engendrada en el Siglo XVII-.  

Invasión soviética de Afganistan
14 de febrero de 1989 

Junto al comunismo, para la mayor parte de los marxismos sevolvió evidente que el pensamiento de Karl Marx también debía ser cuestionado.Esto, por la centralidad que representó en la consolidación de la revolución deoctubre de 1917, así como el proceso de conformación y constitución de la U.R.S.S. Por lo que una de las grandes consecuencias de las revoluciones de1989, fue el que la ortodoxia marxista pasó de ser una importante “ideología deEstado” a considerarse prácticamente una peste (llegando al borde de la extinción en la mayoría de los casos). Sin embargo, planteándonos el reto de considerar el fracaso de una amplia variedadde sus interpretaciones y, consolidándose cada vez más como una rigurosaposición académica que ha ido perdiendo el carácter de “actividad políticomilitante[10]”en la que se gestó, mostrándonos que de algún modo, se está superado ladicotomía: “teoría” – “práctica” que caricaturizaba la lógica sobre la que sesustenta la Crítica de la EconomíaPolítica[11].

Soldado estadounidense, Ciudad de Panama
21 de diciembre 1989

Uno de los lugares comunes que ha sido aceptado comopunto de partida del pensamiento de Karl Marx, se encierra en la cuestiónontológica que representa abstraer la idea de trabajo social del conjunto de laproducción, en cuanto actividad que transforma “la naturaleza” en “objetos”. Ontología que al historiarse define la lógica del capitalismo, de lo que suponela transmutación orgánica y sistemática de la humanidad a mercancía, en la queel objeto en cuanto existencia material, producto de las potencias socialestransformadoras, en mercancía dispuesta para la circulación que supone entregarsu existencia al mercado, al mundo de las apariencias y, de los reflejos imprecisosdel valor de los “objetos” transmutados por existencias sociales, con el fin deser consumidos de forma privada[12] y devolviendonada más que un signo de su auténtico valor.

Ciudad de Panama
22 de diciembre de 1989

Revelándonos así las implicaciones (desde distintos niveles de abstracción e interpretación), de lo que representa que todas las relaciones sociales estén fundadas en la producción, distribución, cambio y consumo de mercancías integradas a escala mundial. Por lo que, situarse desde una perspectiva marxista, implica el reconocimiento de la subjetividad en un contexto determinado e inescindible de la totalidad enunciativa que representa ser “parte del mundo”[13]. Si bien está historia se cumplió en la mayor parte del mundo, en América Latina se vivió de forma distinta[14]. Debido al papel central que tuvieron las revoluciones y, sobre todo, debido al carácter imperialista de la Guerra Fría (1947-1991) que en el ánimo de evitar una confrontación directa entre la URSS y los Estados Unidos, “desplazó la violencia” a El Salvador, Nicaragua, Vietnam, Afganistán[15]

Kabul, Afghanistan
30 de enero de 1989

Debido al carácter imperialista de la U.R.S.S., la cual no difería de los Estados Unidos en las políticas de corte militar que dieron origen a las leyendas de espionaje que romantizaron una situación de contrainsurgencia que se aplicaba a lo largo del continente, particularmente en Centroamérica y la región andina. Haciendo patente uno de los más grandes conflictos del marxismo, el no ser capaz de dar cuenta de la especificidad de lo que superficialmente denominamos “indígena”. Una discusión de larga data en el pensamiento crítico latinoamericano que creó un contexto en el que, si bien de forma segregada y recluida, la gran crisis del marxismo se experimentó de una forma disruptiva y no segregativa, como ocurrió en la mayor parte del planeta.

Representación cartográfica del final de la “Guerra Fría” (1973-1991)

El impacto generado por la ‘Crítica de la Economía Política’ de Karl Marx en América Latina, a lo largo delsiglo XX, nos entregó una serie de pensamientos continentales, en un formatodistinto a la filosofía clásica europea y sus ‘obras monumentales’. A través deensayos, algunos de estos pensadores,diseñaron auténticas arquitectónicas de la razón[16].No sólo imbricadas a las discusiones de las elites académicas internacionales,sino afrontando las propias, generando respuestas posibles a la interrogaciónque nos convoca a comprender ‘nuestraespecificidad’ en ‘la universalidadde lo humano’. José Carlos Mariátegui, en sus Siete ensayos de interpretación de la realidad Peruana (1928)[17], fue sin duda el caso fúndate, y portanto, el más simbólico de todos. En estricto sentido, estos intelectuales seadelantaron a la especialización de las revistasacadémicas.

Anna Chiappe (olvidada por los marxistas) y José Carlos Mariátegui
Lima, noviembre de 1929

Sus resultados más significativos, nos ofrecen una forma de comprendernosgeohistóricamente, como resultado de un fenómeno de aculturación[18],producto de la Invención de América[19].Cuyo principio de identidad cultural, yace en el fenómeno ideológico del “eurocentrismo[20]. Formulado por el filósofo egipcio,Samir Amín, quien esclarece el comportamiento asociado al ‘dilema de la libertad’ en un mundo postcolonial. Un proceso histórico, geográficamente determinado, enel que colectivamente nos negamos a la posibilidad de definir el sentido denuestras subjetividades. Afirmándonos a través de una voluntad creativa, cuyadimensión ética y moral, se funda con la fe ciega en las conductas culturalesde ‘un ideal de Europa’. Temerosos deentregarnos a la creación, al proceso de reconocernos, producto del cosmopolitismo colonial. Entregándonoscolectivamente a la intuición de segregación que produce un estatuto de refugioficticio, frente a la violencia sistémica del Capitalismo. A escala del sujeto individual, variaciones de éstaconducta se asocian al “síndrome deEstocolmo”, acuñado tras el Robo de Norrmalmstor[21].

Norrmalmstorg,  Stockholm
23 de agosto de 1973

Desde esta perspectiva, las significaciones culturales y políticas del Colonialismo, permanecieron y mutaron,como parte del propio desarrollo ‘normal’y ‘saludable’ del Capitalismo.Estos debates, que revisitamos tangencialmente, se popularizaron a lo largo delsiglo XX. Constituyendo una tradición filosófica latinoamericana que debatía surealidad, en clave marxista. Entresus interlocutores, destacan las figuras heterogéneas de Franz Hinkelammert y Eduardo Grüner. El primero, radicado en SanJosé (Costa Rica), es reconocidopor su teología marxiana[22] ypor sentar las bases de ‘una economíapara la vida[23].El segundo, radicado en Buenos Aires (Argentina), es un reconocido teórico dela cultura cuya posición ‘post-hegeliano-marxista’,es la base de sus notable reinterpretación de la Revolución haitiana y su impacto en la constitución de lamodernidad. Ambos, contribuyendo así a la discusión sobre las basesepistemológicas y, las consideraciones ético-políticas, de los Estudios Culturales.  Sus obras conforman dos cuerpos teóricos quese fundan en los mismos principios, aunque la medida en que divergen, no harecibido todavía la atención que merece. Puesto que, apunta a una serie deconsideraciones en torno a las dimensiones geohistóricas, formulacionesteóricas y principios epistemológicos, que nos permiten comprender el entramadosobre el que se construye el debate latinoamericano. Por lo que, sin duda,representan dos cuerpos de análisis con una trayectoria continua y paralela (más no uniforme), que atestigua lastransiciones y mutaciones nuestroamericanas[24].

Santiago, Chile
11 de septiembre de 1973

Esto es posible debido a que ambos han comparecido sistemáticamente, afirmando una posición ante el juicio y la persistencia de un tiempo que insiste en negarlos. Espíritus engendrados tras el infierno de la Segunda Guerra Mundial, que en el contexto de la Guerra Fría, forjaron sus existencias y posicionamientos políticos, más allá de la Revolución rumana y la Caída del muro de Berlín (1989), tras la disolución del parlamento de la U.R.S.S (1991) y las Reforma Deng Xiaoping[25](1978-1994), se volvieron sobrevivientes de la gran crisis del marxismo. En latinoamericana, la historia se vivió de forma distinta pues el presente reclamaba una filosofía propia, capaz de explicar el desarrollo del espíritu que rencarnó en las montañas de Chiapas, reclamando la nación como principio. El neozapatismo actualizó el conflicto eurocéntrico originario de Nuestramerica. Abstrayéndose de la posibilidad de ruptura que sugería la Gran crisis del marxismo, el pensamiento crítico latinoamericano, diseñó una posición crítica que ‘codificó la realidad latinoamericana’ en ‘clave marxista’. Nunca mejor expresado que, a través de la expulsión de José Carlos Mariátegui del Partido Comunista Peruano[26]. Condenándolo al exilio, por haber defendido antes que nadie, la necesidad de atender el carácter y sentido de ‘la especificidad latinoamericana’, forjado al calor de ‘oponerse al fúsil’ de ‘los imperialismos’ y ‘sus dictaduras’

Piloto estadounidense aterriza en algún lugar de Nicaragua
30 de diciembre de 1989

[1] David Priestland, The Red Flag: A History of Communism (New York: Groove Press, 2009).

[2] David Mason, Revolution and transition in east-central Europe (Routledge, 2018).

[3] Victor Loupan, La révolution n’a pas eu lieu : Roumanie, l’histoire d’un coup d’Etat (22 décembre 1989) (Paris: Éditions Robert Laffont, 1990), p. 99.

[4] Atilio Boron, “La sociedad civil después del diluvio neoliberal”, en La trama del neoliberalismo. Mercado, crisis y exclusión social, ed. Emil Sader y Pablo Gentili (Buenos Aires: CLACSO, 2003).

[5] Ruy Mauro Marini, “Procesos y tendencias de la globalización capitalista”, en América latina, dependencia y globalización, ed. Eduardo Martins (Bogotá: CLACSO, 2008).

[6] Adolfo García de la Sienra, “Neoliberalismo, globalización y filosofía social”, Diánoia. Revista de Filosofía, 48.51 (2016), 61 (p. 85) <https://doi.org/10.21898/dia.v48i51.376&gt;.

[7] David Harvey, A brief history of neoliberalism (Oxford University Press, 2007), p. 74.

Se suele considerar al periodo de implementación y desarrollo de la doctrina neoliberal entre 1973-1981, un proceso reconocido incluso entre sus partidarios: Ricardo. Ffrench-Davis, Entre el neoliberalismo y el crecimiento con equidad : tres décadas de política económica en Chile (J.C. Sáez, 2003), p. 31.

[8] Nicholas Gane, “Sociology and Neoliberalism: A Missing History”, Sociology, 48.6 (2014), 1092–1106 <https://doi.org/10.1177/0038038513512728&gt;.

[9] Enrique Dussel, Política de la liberación (Ciudad de México: Trotta, 2009). A propósito de este acontecimiento, Dussel insiste en la ruptura que significó 1994 en el pensamiento crítico latinoamericano. No obstante, cabe aclarar que el Zapatismo no se reivindica como un movimiento marxista (a pesar de sus evidentes vinculaciones teórico conceptuales, se concibe más como una trascendencia del discurso de Marx). Por lo que el comunismo no es un proyecto que haya sido reivindicado abiertamente. Atilio Boron, “La selva y la polis. Interrogantes en torno a la teoría política del Zapatismo”, en La territorialidad de la dominación, Estados Unidos y América Latina (UNAM, Instituto de Investigaciones Económicas, 2001), pp. 89–114.  

[10] Axel Van den Berg, The Immanent Utopia. From Marxism on the State to the State of Marxism (New York: Routledge, 2003).

[11]

[consultado 10 agosto 2018]

.”,”plainTextFormattedCitation”:”Alejandro González, “Sobre el inicio de los Grundrisse de Marx: el ‘Bastiat y Carey’ o la necesidad de pensar la producción en general en Enrique Dussel”, De Raíz Diversa. Revista Especializada en Estudios Latinoamericanos, 4.8 (2018), 153–76  [consultado 10 agosto 2018].”,”previouslyFormattedCitation”:”Alejandro González, “Sobre el inicio de los Grundrisse de Marx: el ‘Bastiat y Carey’ o la necesidad de pensar la producción en general en Enrique Dussel”, <i>De Raíz Diversa. Revista Especializada en Estudios Latinoamericanos</i>, 4.8 (2018), 153–76 <http://revistas.unam.mx/index.php/deraizdiversa/article/view/64093/56645&gt;

[consultado 10 agosto 2018]

.”},”properties”:{“noteIndex”:11},”schema”:”https://github.com/citation-style-language/schema/raw/master/csl-citation.json&#8221;}Alejandro González, “Sobre el inicio de los Grundrisse de Marx: el ‘Bastiat y Carey’ o la necesidad de pensar la producción en general en Enrique Dussel”, De Raíz Diversa. Revista Especializada en Estudios Latinoamericanos, 4.8 (2018), 153–76 <http://revistas.unam.mx/index.php/deraizdiversa/article/view/64093/56645&gt;

[consultado 10 agosto 2018]

.

[12] Anselm Jappe, El absurdo mercado de los hombres sin cualidades, Pepitas de (Rioja, España, 2014), p. 70.

[13] Bolivar Echeverría, La americanización de la modernidad (Ciudad de México: UNAM-ERA, 2008), p. 45.

[14] Mabel Thwaites, El Estado en América Latina: continuidades y rupturas (Buenos Aires: CLACSO, 2014).

[15] John Coatsworth, “The Cold War in Central America, 1975–1991”, en The Cambridge History of the Cold War: Volume 3: Endings, ed. Melvyn P Leffler y Odd Arne Westad, The Cambridge History of the Cold War (Cambridge: Cambridge University Press, 2010), iii, 201–21 <https://doi.org/DOI: 10.1017/CHOL9780521837217.011>.

[16] Esther Barahona Arriaza, “Razón, verdad y crítica: momentos epistemológicos en la «Dialéctica de la Ilustración» de M. Horkheimer y 7? W Adorno”, Logos, 30 (1996), 167–84.

[17] José Carlos Mariátegui, Siete ensayos de interpretación de la realidad peruana, ed. María Pia-López (Buenos Aires: Editorial Gorla, 2004).

[18] Gonzalo Aguirre Beltrán, El proceso de aculturación (Universidad Nacional Autonoma de Mexico., 1957), p. 72.

[19] Edmundo O’gorman, La invención de América (Fondo de cultura económica, 2010).

[20] Samir Amin, L’eurocentrisme. Critique d’une idéologie (Paris: Anthropos, 1988), p. 51.

[21] El 23 de agosto de 1973, Jan Erik Olsson intentó asaltar el Banco de Crédito de Estocolmo, en Suecia. Tras verse acorralado tomó de rehenes a cuatro empleados del banco, tres mujeres y un hombre. Entre sus exigencias estaba que le trajeran a Clark Olofsson, un criminal que en ese momento cumplía una condena. A pesar de las amenazas contra su vida, incluso cuando fueron obligados a ponerse de pie con sogas alrededor de sus cuellos, los rehenes terminaron protegiendo al raptor para evitar que fueran atacados por la Policía de Estocolmo. Durante su cautiverio, una de las rehenes afirmó: cNo me asusta Clark ni su compañero; me asusta la policía». Y tras su liberación, Kristin Enmark, otra de las rehenes, declaró: «Confío plenamente en él, viajaría por todo el mundo con él».​ El psiquiatra Nils Bejerot, asesor de la policía sueca durante el asalto acuñó el término de «síndrome de Estocolmo» para referirse a la reacción de los rehenes ante su cautiverio. Thomas Strentz, “The Stockholm syndrome: Law enforcement policy and ego defenses of the hostage”, Annals of the New York Academy of Sciences, 347.1 (1980), 137–50.

[22] Ludovico Silva, Anti-manual para uso de marxistas, marxólogos y marxianos (Fondo Editorial IPASME, 2006).

[23] Franz Josef Hinkelammert y Henry Mora Jiménez, Hacia una economía para la vida (San José: UCR, 2005).

[24] Justino Fernández, “José Martí como crítico de arte”, Anales del Instituto de Investigaciones Estéticas, 5.19 (2012), 7 <https://doi.org/10.22201/iie.18703062e.1951.19.526&gt;.

[25] Maurice J Meisner, The Deng Xiaoping era: An inquiry into the fate of Chinese socialism, 1978-1994 (Hill and Wang New York, 1996).

[26] Carmen Rosa Balbi y Alberto Flores Galindo, El Partido Comunista y el APRA en la crisis revolucionaria de los años treinta (G. Herrera, 1980).

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