Elecciones en México: Espejismo barroco

Martirio di Santa Giustina, Paolo Veronese (1575).

La contienda electoral en México ha tomado un matiz distinto al que solemos imaginar cuando pensamos en la idea que tenemos de una “Elección presidencial”. La corrupción, el crimen y la violencia cotidiana nos han hecho desconfiar incluso hasta del propio proceso. No obstante, supongamos que es realmente lo que dice ser. Una elección entre dos contendientes. Al tercero, simplemente le pesan tres letras. Pues habría que estar muy desesperado como para aceptar una despensa, o demasiado enfermo, como para jugar con la pobreza de esa manera. Una disputa que se vuelve ácida por la delgada línea de impunidad que los partidos políticos han cruzado en México, prácticamente por igual.

Habría que decir, antes de pasar la brocha para inaugurar el lienzo. Que de los candidatos independientes, tan sólo la idea de la mujer indígena Marichuy, representaba una posibilidad de transformación radical de nuestro mundo. No por indigenista o marxista, como nos lo han hecho ver sus voceros hasta el cansancio. Sino porque la idea de un parlamento alterno que controlara al Estado significaba un acercamiento a la plurinacionalidad del cosmopolitanismo de Bélgica. Más reconociendo la identidad lingüística, cultural y política de aquellos mundos que resumimos en la palabra indígena. Para ir por fin, más allá de su cuantiosa explotación turística. Pero ese, fue una vez más y con tristeza, sólo un sueño revolucionario. Nadie se acercó a firmar mientras aguardaba en la fila para ver el cuadro de su propia vida.

Aunque, quien se acercaría. Si la imagen de la decadencia jamás ha inspirado confianza. Cuánto daño han hecho los voceros a la palabra del así llamado “indio”. Sintiéndose Perseo, defendiendo a Andromeda.

“King and Queen of the North African kingdom of Aethiopia.”

Perseo che salva Andromeda, Paolo Veronese.
Perseo che salva Andromeda, Paolo Veronese (1576).

Por otro lado y comenzando a resonar con el lienzo en cada pincelada, los conflictos internos de ambas ideologías. Así como la militancia de esos partidos que crecieron con la estructura del Estado Priista. Ahora se reparten las cuantiosas ganancias de dividir una vez más una elección, para que el régimen continúe siendo “a la maniera priista”.

El tercero en disputa, se aferra al mástil del Barco que comienza a dibujarse en nuestro cuadro. Sin la certeza de que el cuadro que atrapó nuestra mirada, lleva la palabra esclavo. Pues la historia colonial todavía no había comenzaba a hacer estragos en la conciencia humana. Esa en la que se refleja la esclavitud en el caribe y sus poderosos influjos en un pueblo cuya consciencia se sigue sintiendo el producto de un mundo colonizado. El sabor del pan, remojado en neoliberalismo, le pesa como le pesaba a Juárez. Al no tratar de igual la cultura de sus congéneres. Indios entonces, mexicanos ahora. Pues la cosmopolitaneidad de nuestro país, ha hecho que resulte imposible volver a considerar al mexicano asociado al indígena, el español y en el mejor de los casos del afrodescendiente postesclavizado del que nos ha recordado la historia.

La misma que nos regaló a un indígena liberal sobre el que pesaban un sin fin de tabúes sobre sí mismo. Y ese otro pobre iluso, más Ilustrado de la casa de los Habsburgo que soñaba con llevar a la práctica las enseñanzas del Idealismo en sentido filosófico. Quien soñaba con resolver los conflictos ocasionados por Carlos V. Habsburgo también, así como lo era el propio Maximiliano. Cuál espejismo del pasado, vemos que Anaya y López se disputan ahora la misma historia. Pero con la distancia y la mesura que el tiempo nos entrega, pues nuestra generación.

Los que nacimos y vivimos del placer fugaz de un “meme”, pero tenemos la firmeza de resolver un Terremoto. Tendremos que decidir qué es mejor para nosotros mismos. Aunque la historia presente y con la qué hay que lidiar pese demasiado. Sobre la conciencia nacionalista del siglo XX de nuestros padres y abuelos. Al igual que ahora lo hace para la izquierda electoral. A pesar de haber probado con creces, el ser mejor que sus contendientes. Pues como nos lo recuerda Paolo Veronese con el rojo de la libertad, la igualdad y la fraternidad que nos enseñó la revolución haitiana en 1804. Una universalidad perdida, pero que permanece eterna en el Martirio di Santa Giustina. 

Martirio di Santa Giustina, Paolo Veronese.
Martirio di Santa Giustina, Paolo Veronese (1575)

Aunque, recordemos que esto fue tan sólo una mera suposición de que la ilusión es justa. Por lo que nuestra primera y más importante labor en las elecciones en México es que la elección se cumpla. Que la polis allá en la Sierra Madre Occidental y la ruralidad extrema de los vendedores ambulantes que circulan por la Alameda Central, a un costado del Museo del Palacio de Bellas Artes, decida. ¡Pero que decida, con libertad! 

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