Geógrafo solitario o solidario, pero caminando!

Hace bastante tiempo que no redactaba una entrada, y esta es una de aquellas veces en las que he tratado a lo largo de mí vida de replantearme lo que eso significa. Como saben, este blog tuvo un origen muy pragmático. Intentaba ayudar a las personas a acreditar el examen de ingreso a la universidad. Debido a qué me cambié de área y carrera, lo pasé en dos ocasiones distintas (Físico matemáticas y Ciencias sociales). Para ser sincero, no recuerdo aquellos tiempos con claridad. Siento tan sólo la vaga emoción de haber realizado el sueño imposible. Salir de un pequeño poblado del Valle del Mezquital en el Estado de Hidalgo (a razón de la jerarquía y nomenclatura de la Geografía de México) y en una dirección distinta a la mayoría de mis amigos, quienes emigraron a los Estados Unidos. Origen con el que siempre tuve un conflicto que resulto ser más profundo de lo que siquiera imaginaba.

La Geografía apareció inesperadamente en mí camino. Cursaba por entonces la Licenciatura en Ingeniería Geomática. Cuando, en un viaje de práctica a las oficinas centrales de INEGI (el panóptico de mí país), la mirada acusadora de una geógrafa frente a mis opiniones, que ahora puedo entender como una incipiente necesidad de aproximarme a su filosofía política. Me llevaron a indagar lo que pasaba justo frente a los míos, con una mirada más cálida que la del Sol de Aguascalientes. No recuerdo su nombre, ni el día o la tarde en la que me enseñó al amor de mí vida, por lo que ahora la quiero rememorar como a un perfume de violetas.

El día en que pisé la Facultad de Filosofía y Letras, en la más profunda ingenuidad y asombro, me sentí conmovido por un mundo que me era absolutamente desconocido. Matemáticas y física fueron siempre mis materias predilectas, pero vaya química la de aquella mujer cuyo certero más infantil capricho, me atrajo a un mundo en el que aveces me siento como un artista. Otro conflicto, también interno, ahí donde conocí a mí primer gran maestro colectivo, Tiempos Equívocos para mis recuerdos. Quien dibujó realmente la primera gran respuesta a mí propia vida. Aquella pregunta que comenzó cuando sólo tres personas de mí poblado entramos a la universidad en Ciencias, Políticas e Ingeniería y que reapareció a través de los ojos de los satélites de INEGI. En la sombra de incontables cadáveres y dibujando polígonos de posibles fosas clandestinas con la mirada cada vez más perdida en lo que ya no volvieron a ser sólo los recuerdos de mí infancia sino mí propio material de estudio etnográfico.

Ese día no lo sabía, pero ahí, embelesado por aquel perfume y el encanto de una plática como no la había tenido antes, tomé la decisión más astuta de mí vida, justo a un costado de quien podría ser la mitad de responsable del alumbramiento de dos amores, Violeta y mi amada Geografía. Aguascalientes me regaló un misterio y un capricho todavía sin resolver. Ahora que esos días han terminado, he dudado entre seguir o no escribiendo. Sé que nunca fue tan popular como me habría gustado. Pero justo ahora, eso ya no ronda mis ideas, por lo que he decidido seguir escribiendo. Quizá algún día me lea a mí mismo y me recuerde con la nostalgia de quien se mira con la boca cubierta, por amargura o remordimiento, mas sabré entonces,que volver a los diecisiete después de vivir un siglo, es como descifrar signos sin ser sabio competente, volver a ser de repente, tan frágil como un segundo.

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