¡El comunismo será zapatista, o no será. Pero, no se hará solo!

Una vida sin encanto me ataba al campo pero más allá de eso, me di cuenta de lo mucho que anhelaba realmente volver a vivir ahí. Porque la otra cara del mundo es muy linda, pero se desangra por dentro. Uno puede ver los bloques de minifamiliares, minúsculas, pequeñas e insensibles personitas que se vuelven cosas en su día a día, ahí a lo que muy en el fondo, queremos cuestionar, la vida cotidiana. En el fondo, Henri Lefebvre, siempre tuvo la razón, pero esa razón resuena, porque en ella siempre resuena, la revolución. Pero no como todas las otras, sino como aquella que nos invita a reconciliarnos con ella, a la manera Hegeliana. Pues como bien demostró Susan BuckMorss, la verdadera revolución de Hegel, es haber logrado demostrar que la reconciliación que exige la fenomenología del espíritu, es también, la que exige la revolución haitiana. No propiamente porque sea su descubrimiento, sino porque debido a él, nos ha permitido, entender la relación que existió entre el pasaje de la fendeles, -como le decía mi estimado amigo Diego Kin- en el que la reconciliación universal es necesaria para la revolución y para la Ciencia. Superar la dialéctica entre el amo y el esclavo, pero, en la praxis revolucionaria, o como me gusta más a mí decir, en la vida diaria. Porque la Ciencia es revolucionaria, y hay un conflicto entre Hegel y Einstein, como alguna vez lo discutimos en una peda en casa de Dorian: un matemático, un físico, un ingeniero, y un chingo de geógrafos, filósofos, sociólogos y todo aquel espécimen que se colaba (y que decir de esa tremendo bailóngo en Mixquiq, hasta con un épico, Oppa Gagmnam Style) que podían durar la fiesta entera, unos hablando de política, otros comiendo y bailando, pero todos conviviendo. Esa es la verdadera esencia de la Geografía.

La Geografía es la Ciencia que se autodetermina a así misma, porque logra mantener el equilibrio entre los conocimientos determinados, y los indeterminados. Las Ciencias Duras, por un lado apelan a la determinación (matemática), la exigencia de Newton, la fundación de la Ciencia. Pues hay un antes y después de Newton, como lo hay de Marx y de Hegel, de Couerie o de Einstein, de Garvey a Eric Williams, y así hasta las panteras negras y todas las ciencias… es decir, los caminos siempre indeterminados, de lo uno o lo mismo. Lo uno, es lo indeterminado simple y lo mismo, lo indeterminado general. En fin, para que seguir con esa jerga hegeliana si en el fondo lo único que queremos decir, es que la Geografía no ha abandonado la bandera de la filosofía, pero se ha visto obligada a mantener siempre la disputa interna por la pregunta de la Ciencia, desde el siglo XIX, siempre rezagada, pero debido a su anclaje al capitalismo, a través del Estado, a través del territorio, mantenía la lucha en ambos frentes. El siglo que como bien demostró históricamente Jürgen Osterhammel, en su “La transformación del mundo” superando incluso a la mejor literatura marxista de nuestra época, La Gran Escuela Británica de los primeros revolucionarios modernos, pues el capitalismo, comenzó el proceso de Subsunción real, a razón de que desde 1507, al haberse cartografiado el mundo, se había completado el proceso de subsunción formal. Todo eso claro, sin las categorías Marxistas que exige su lectura, pues, no es marxista, pero sigue siendo brillante. Y nos arroja una tremenda interrogante. ¿Cuál fue el tiempo de expansión del capital, pues el tiempo, es la medida del trabajo, la pregunta histórica del marxismo a la Economía sería entonces, cuál es el tiempo de esa transformación del mundo, de pasar de ser lo diverso simple, a lo determinado general. Cuánto tiempo, tardó el capitalismo en pasar de la subsunción formal a la subsunción real? ¿Cuánto chingada madre?!! (Porque el espació importa, y en México, de la mano de Morelos y Guerrero, ya superamos la discusión lingüística que considera que suprimiendo las categorías, en este caso Negro, superaríamos las contradicciones raciales).

Pues no es una discusión cualquiera, es la discusión por la reconciliación del mundo, de todo el mundo, eso exige reconciliarnos con lo indígena, pues la raza, fue en México, un tema tan polémico. Que resolvió magistralmente, José Vasconcelos, en una sola consigna. ¡Somos la raza cósmica! Por eso, la revolución mexicana, si bien no fue marxista, no lo fue porque ellos estaban en otra clase de revolución. Que intentó incorporar las vías de la URSS, pero que no pudo, del todo, por el peso del imperialismo de los Estados Unidos de América (esa que resuena en la movilización AntiTrump del 20 de Enero -de lo que como dijo el Subcompa Moises, es la revolución de “1917-2017”- que se discutió en la reunión de organizaciones metropolitanas).

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El racismo ha sido de los dos lados, pero junto a Morelos y Guerrero, demostramos que la revolución, tenía que ser también de clase. Pero si bien con Marx y los comunistas que desde 1848, disputaron el camino de su destino, con el Manifiesto del Partido Comunista. Esos muchachos, valientes y gallardos revolucionarios. Dispusieron en una sola consigna. Hay que superar las contradicciones del dinero en cuanto Capital.  A la que se dedicarían la vida entera, tratando de identificar con su producción teórica. Larga como la propia lucha. En ese sentido, es que estamos ante un momento histórico en México, pero no sólo aquí, porque el EZLN, es un referente político mundial. Que si logra una revolución pacifica, en un momento en que las revoluciones culturales se pelean con balas. Solo volteemos la mirada hacia Siria, las potencias imperialistas, están preocupadas. Es por eso que Siria se convirtió en una guerrilla de fama mundial. Pero una vez que se reconcilien, habrá que reconciliarles a ellos, con la belleza y profundidad de la filosofía de Ibn Rush, que resolvió a la manera de Ludwig Feuerbach, casi docientos años antes que Europa, la necesidad de la Libertad y la Ciencia para el Islam, es decir, que a través de la religión, si por esta entendemos, reunirnos y discutir asumiendo lo que expusimos en cada reunión, lograremos la revolución.

La religión es comunista, ya lo dijo incluso. José Porfirio Miranda, otro tremendo Hegeliano, en su Manifiesto: “Comunismo en la Biblia”, lo que no es sino confiar en el espíritu humano, por pura causalidad indeterminada, o como el barrio diría, lo que aprendes a putazos. Pues en el fondo los cristianos son unos batos repletos de carnalismo, completamente enajenados de la razón, tratando de sobrevirir  al capitalismo. Esas discusiones que se dieron en México, que resuenan en la potencia de su marxismo crítico. No son sino el preludio y el trasfondo de la revolución zapatista. Una que inició en 1994 y que ahora, nos ha puesto de frente al indígena, dispuesto a reconciliarse con nosotros, y con nuestro modo de vida. Eso es lo que se juega en la candidatura del EZLN, pero sería muy ingenuo pensar, que la derecha no tiene una estrategía, claro si por ello pensamos que la derecha no está sufriendo. Pues como diría Jean-Paul Sartre, “Mitad víctimas, mitad cómplices, como todo el mundo”. Esa es la cruda realidad, hay que apostar a la reconciliación, para trascender la violencia de los feminicidios, por eso la candidata indígena es esencialmente más que sólo una mujer. Un ser humano que reclama la exigencia de trascender el patriarcado. Pues la revolución francesa acalló las voces de mujeres, tan valientes y poderosas como Mary Wollstonecraft, que con su “Vindicación de los derechos de la mujer”, y el eco profundo de la necesidad de entender a la mujer como un producto histórico, como bien nos lo expuso Simon de Beauvoir, se volvía el momento fugaz del absoluto. Una sociedad sin clases, sin razas y sin sexos, todas ellas y por sí mismas, la frontera que nos separa del verdadero comunismo, de la Raza Cósmica. Una discusión que se debe convertir en la verdadera praxis revolucionaria.

En esos términos podríamos plantear, en algún sentido, que la revolución que plantean los zapatistas, es en el fondo, tan sólo una suerte de experimento, pues en el fondo, ellos ya renunciaron, como todo buen posmoderno. Es en ese sentido, que la disputa al interior de la filosofía es contra la posmodernidad. Esa que si, con detenimiento leemos a JeanFrançois Lyotard, no es sino la ingenuidad del capitalismo sobre si mismo, que los que tienen el control no tienen conciencia de clase. Pero no hay error más ingenuo, que pensar que no hay ideologías dominantes, con la excepción de pensar que, estamos afuera, sólo por ser marxistas y revolucionarios. La izquierda y la derecha, debemos pactar, para parar la masacre en México, porque estamos viviendo un mundo en que ya todos somos prescindibles, si no tenemos la potencia de ser amigo de Carlos Slim. Pero si la revolución empieza con las comunidades indígenas de América, también se juega la disputa de los pueblos originarios de Estados Unidos. En donde tampoco tienen ya democracia, como la elección de Trump nos lo ha mostrado, y teniendo de vecinos a Cuba, sabemos que existe lo que para Antonio Greamsci, sería una adecuada correlación de fuerzas, pues literalmente sólo hay que voltear a nuestra retaguardia, y veremos que contra el Imperialismo Yanki, somos América Latina, unida con los pueblos afrodecendientes de Estados Unidos, el corazón del Imperio y la razón del Neoliberalismo.

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La disputa que nos exige el presente, es inmensa en ese sentido, pero al mismo tiempo, es la coyuntura que nos tocó vivir hacia el resultado de una revolución que ya tiene un tiempo en la historia, y que nos exige, un resultado para 2018, el día de las elecciones, pues no sólo hay que saber qué camino tomamos, sino que hay que frenar al fraude, la verdadera potencia del Estado, donde la democracia, ya es una mera simulación, ya no tenemos libertad. Porque sin democracia ya no construimos el ritmo de nuestro propio destino. Sin democracía, ya no somos, sino simples marionetas que se queman corriendo en el metro, de un lado a otro, con el caós de moverse en la ciudad a lo idiota, de un trabajo a otro. Porque el Neoliberalismo, nos quitó todo, incluso, hasta el último rasgo de comunidad que aún hay en el Estado. La capacidad de decidir el ritmo de nuestra vida, ese es el precio de fracasar en la revolución del siglo XX, de no haber coordinado la revolución rusa y la revolución mexicana, que por asares del destino, estaban ocurriendo al mismo tiempo. Pues incluso Serguéi Mijáilovich Eizenshtéin, en su viaje a Guanajuato, el ombligo de la revolución mexicana, estaba por lograr consolidar la revolución comunista, con el guapismismo Luis Alberti, en calidad de Macho Mexicano. Y no porque ahí se fuese a resolver el problema de la raza, sino porque la potencia imperialista que teníamos al lado, pudo haber sido frenada, para no llevar la contradicción hasta su última consecuencia. La vida o la muerte, la crisis de los misiles en Cuba. México tenía entonces una posición geopolítica estratégica, porque fue una potencia liberal del siglo XIX, que degeneró en dictadura, la de Porfirio Díaz, o lo que decimos en México, “la letra con sangre entra”.

En ese sentido, perdimos la verdadera revolución, porque como diría Sanchez Vazquez, al final, todo se dirime en el azar. Pero no hay que dejar de lado la Finalidad y la Causalidad, ambas, categorías Hegelianas. Amabas, fundamento del Marxismo. En ese sentido, se nos exige formarnos en esta coyuntura, el costo político será demasiado alto, si fracasamos en este intento, pero, como dicen el EZLN. Es ingenuo pensar que “todo está bien”. Pues el capitalismo, nos está matando a todos. Esa es la pregunta que ni la Ciencia, como bien nos lo demostró en el ConCiencias, no sabe ni por donde empezar a resolver. Porque llegaron al límite del método, ese que sólo la Ciencia de la Lógica, supo resolver. Esa que hay que plantear, pues por ahora sólo está en el nebuloso terreno de las ideas, y es labor de todos, decidir, si se queda ahí o no. Empezando por discutir todas las coordenadas de la discusión, esa a la que en Mayo nos ha invitado el EZLN entre Científicos Duros y Científicos Sociales. Y de la que sé que unos Médicos organizados, y colectivos de científicos como Alterius. Están muy emocionados, por intentar resolver. Pues sabemos que se está jugando la posibilidad de trascender el Capitalismo, a través del proyecto de una nueva modernidad. En esos términos, parece ser que la consigna debe ser simple:

¡El comunismo será zapatista, o no será. Pero no ser hará solo!

  

           

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