Palestina: La historia de un pueblo colonizado (1856-1948)

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Cuando a nuestros oídos arriba el murmullo del conflicto en Palestina, no podemos evitar situarnos de forma inmediata en una aparentemente imposible posición. Arumentando que los acontecimientos de la Segunda Guerra Mundial, fungen como una legitimación respecto a la opinión pública sobre la posición judía en Palestina, por otro lado es desde esa misma opinión generalizada que podríamos vislumbrar que el pueblo judío no es propiamente el culpable de las masacres sobre el pueblo palestino, sino atrocidades cometidas en nombre del Estado Israelí. Y desde luego, no vendría a nosotros en ningún momento el papel que habrían desempeñado Francia e Inglaterra como los principales responsables del conflicto contemporaneo.

La realidad es que dos pueblos se disputan la misma tierra, pero no sabemos con certeza, cómo es que todo esto comenzó. Puesto que se suele asumir, que judíos y palestinos han convivido en la misma tierra por milenios, se suele asumir así mismo un conflicto puramente religioso, se suele asumir además, que se trata de un conflicto aislado de la historia mundial, o incluso se suele asumir a Europa como el gran mediador del conflicto. Sin embargo, si retrocedemos en el tiempo, atenderemos a un mundo completamente distinto, un mundo en el que salta a la vista que lo que hoy vivimos no es sino el momento anhelado por las grandes potencias coloniales desde el siglo XVIII. Para atender esta dificultad habríamos de remontarnos hasta la guerra de Crimea, el momento en que comienza la desarticulación del gran imperio Persa.

El antecedente de mayor preponderancia que podríamos señalar como epicentro de las tensiones, la Guerra de Crimea (1853-1856), no podría llegar a dimensionarse sin atender las consideraciones fundacionales de la necesidad de expresar dicha hegemonía en la región. Puesto que si tratamos de reconstruir cada una de las tensiones que desde ahí se han manifestado, llegaríamos a considerar que son sobre todo tensiones culturales –principalmente de orden religioso- las que los han articulado. Aclaración que no dejar de ser profundamente esquemática, pues consideramos que para atender dicho conflicto tendríamos que situar en detenimiento las dimensiones coloniales y neocoloniales o imperialistas –lucha por el control hegemónico de la esfera económica- del problema, su trasfondo originario.

Es por ello que para sugerimos un retorno al conflicto desde el que podemos desprender una cierta continuidad en las tensiones entre tres grandes expresiones socioculturales que pueden ser pensadas como tres grandes grupos desde donde nacen las posiciones geopolíticas históricas, las cuales, no han hecho sino reconstituirse, fragmentarse o diseminarse; pero, continuando hasta cierto punto con la necesidad de considerar a la península de Crimea –originalmente ocupada por los Tártaros de Crimea- como el escenario de los conflictos entre: Los intereses de expansión europea de la Rusia Zarista y al último suspiro de independencia del Imperio Otomano, conflictos que podemos rastrear hasta 1568[1].

Una disputa que se expresaría aparentemente tan sólo como una profunda lucha entre las dos fracciones teológicas de ese mundo: Los cristianos, como los restos del Imperio Romano. Y por otro lado, la reivindicación de la religión musulmana como último vestigio del gran Imperio Persa. Lo que se consolidaría así en distintas formas políticas dispuestas desde su reivindicación histórico-religiosa. Pero, atendamos el primer conflicto, punto desde el que podemos vislumbrar tensiones de largo alcance por intereses de orden colonial, cuyo fundamento puede llevarse hasta los intereses de carácter imperialista que se expresan en el conflicto contemporáneo.

Para ello, es preciso remontarnos hasta el Kanato de Crimea (1441-1783[2]), el cual constituyó siempre el punto de encuentro entre ambos mundos, no sólo por su importancia económica en el tráfico de esclavos[3], sino por la posición estratégica que jugaba por situarse prácticamente al centro de ambos mundos, en torno al mar Negro. Punto de contacto entre la “denominada” Asía menor y la Europa oriental. Momento que coincidirá pues con la ruptura del sistema de producción esclavista a finales del siglo XVIII[4] y principios del XIX, una de las razones a considerar para así entender las bases de la expansión, primero colonial y después imperialista en la región. Evitándonos caer en interpretaciones que reduzcan las tensiones a la forma en la que se suelen manifestar –de orden religioso, sin demeritar su importancia desde luego-, llevándonos al núcleo productor de los conflictos, las tensiones económico-políticas, a las que se sumarían los intereses Judíos en la región[5] -en términos religiosos- pero que en realidad consideramos desde el punto de vista de su procedencia “sociocultural”, la cual obedecería a intereses plenamente “latino-sajones”, pues la mayoría de estos inmigrantes judíos vendría de Europa del Este, un histórico contrapeso que jugará políticamente del lado de los intereses coloniales de la hoy Europa occidental.

Desde el punto de vista otomano el Kanato de Crimea jugó un importante papel militar[6], no sólo en la defensa del Imperio y como una de las bases de sus fuerzas armadas, sino como uno de los puntos desde los cuales poder tener una influencia económica sobre el comercio de esclavos[7], los cuales representaron hasta el siglo XIX la base de la economía, algo que se suele dejar de lado, pero que tendría un papel fundamental en el control de los recursos y de los productos por sobre un territorio determinado, pues tener bajo control un cierto territorio implicaba para ese momento no sólo la capacidad de incrementar los territorios en términos de propiedad de la tierra, sino propiamente como un incremento en las fuerzas productivas que permitían dar vida a la economía del Imperio Otomano, pues si recordamos que la principal actividad del Kanato de Crimea fue el comercio de esclavos, en el momento preciso en el que era quizá[8] la actividad económica más productiva del mundo, se hace evidente que la disputa necesariamente pasaba por el control del mercado de esclavos, la razón de ser no sólo una estratégica posesión en términos políticos sino plenamente económicos, de ahí el interese constante del Imperio ruso por hacerse poseedor de la región.

Ahora bien, con estas consideraciones en mente remontémonos hasta 1776[9], momento en el que se despliega plenamente la intención colonial rusa, en contraposición directa a los intereses otomanos, sirviéndose para ello de los mismos métodos empleados por los colonizadores de norteamerica[10] en el proceso de construcción de lo que hoy conocemos como Estados Unidos –traído a cuenta por ser uno de los actores contemporáneos del conflicto, que para ese momento luchaba por la autonomía, para constituirse como primer país independiente en sentido moderno-, sin embargo, es necesario destacar que si bien esto fue el método empleado por los rusos para tratar de someter a la mayor parte del antiguo territorio persa bajo sus dominio, “La anexión rusa de Crimea siguió un camino distinto. Como parte del Tratado de Kuchuk Kainarji, el kanato de Crimea se había independizado de los otomanos, aunque el sultán había conservado una autoridad religiosa nominal por su puesto de califa. Pesé a qué había firmado el tratado, los otomanos se habían mostrado reticentes a aceptar la independencia de Crimea, temiendo que muy pronto fuera engullida por los rusos, como había ocurrido con el resto de la costa del mar Negro (Figes, 2012, pág. 44)”.

Al situarnos en retrospectiva tenemos la certeza de que ese temor, no sólo era certero, sino que efectivamente ocurrió, pues es el método utilizado con regularidad como estrategia de expansión colonial –incluso utilizada hoy día por los judíos en el conflicto palestino-israelí-, lleva inevitablemente a los conflictos por el control real y formal del territorio. El desplegar civiles en una región es el primer momento de la expansión, el cual es seguido por un reclamo de dichos civiles que no se asumen parte de quien ejerce el control formal del territorio invadido, pues si bien formalmente es aún el que domina, la realidad social de dicho territorio expresa un claro conflicto de intereses, lo que lleva inevitablemente al enfrentamiento, el cual puede ser justificado -y de hecho lo fue generalmente hasta el siglo XIX-, por tensiones religiosas,  chivo expiatorio de mayor recurrencia en los conflictos geopolítico territoriales. Lo cual ocurrió incluso en el momento en el que estalló la Guerra de Crimea, y que sigue siendo incluso la explicación privilegiada de algunos historiadores que rehúsan implicar las tensiones de orden mundano -la vie materille, como nos lo diría Fernand Braudel-, una dificultad sustancial al pensar los conflictos geopolíticos.

“Pero el núcleo del conflicto que finalmente desencadenó la guerra de Crimea fue la reclamación de los propios rusos que exigían liderar y proteger a los cristianos del Imperio otomano, una demanda centrada en su aspiración de recuperar Hagia Sophia en su carácter de Iglesia Madre y Constantinopla como capital de un vasto imperio ortodoxo que conectara a Moscú con Jerusalén (Figes, 2012, pág. 67)”.

 Así queda de manifiesto cómo es que el primer punto de conflicto es simultáneamente el punto de encuentro entre disputas históricas y la histórica necesidad de hacerse con los territorios que permitirán ampliar las rutas comerciales del Imperio ruso y simultáneamente ser expresión de un conflicto que se puede rastrear hasta la pérdida de las posesiones del “Sacro Imperio Romano de Oriente”, lo que constituye una justificación milenaria de un conflicto con el que pareciese no debería de tener ningún vínculo, pero que como podemos observar el vínculo es el hecho de ser justamente la legitimación de las intenciones coloniales de la Rusia Zarista por el control de lo que había sido el gran Kanato de Crimea.

El siglo XIX abrió los ojos al mundo en un contexto en donde Europa comenzaba a ser el ejemplo del desarrollo económico[11], político e incluso artístico del mundo autodenominado moderno. Así lo demuestran las campañas arquitectónicas europeas que arribaron incluso al corazón simbólico de la disputa entre el mundo islámico y la cada vez más consolidada Europa, cuando en el marco de la reinauguración de la mezquita que alguna vez había sido Hagia Sophia, el sultán Abdülmecid se reunió con los líderes religiosos del Islam, y “en una transgresión a la tradición islámica que excluía específicamente a los no musulmanes de esas sagradas ceremonias, también se unieron a él dos arquitectos suizos, Gaspare y Giuseppe Fossati, quienes habían supervisado las obras de restauración (Figes, 2012, pág. 65)”.

Un hecho que podría parecer insignificante si no tenemos en cuenta que ha sido ésta la base para pensar los conflictos, desde un punto de vista religioso, pero que vemos que su importancia se desdibuja del todo cuando los intereses político-económicos demuestran la importancia vital que tienen, anteponiéndose así a los intereses específicos de la religión. Más aún, en un momento tan importante como la reinauguración del trofeo del Imperio otomano, no sólo símbolo del conflicto religioso sino uno de los más importantes del Islam -por el que supuestamente la guerra de Crima habría sido desencadenada, como nos lo señala Figes-, se ve violado directamente por el sultán, mostrándonos así su autentica importancia, siempre relativa.

Es en ese contexto de aparente esplendor del mundo musulmán[12] que Europa vive La Gran Exhibición de Londres[13], el ascenso de Napoleón III[14] cuyo principal anhelo recaía en la vendetta francesa[15], así mismo, Rusia venía de incorporarse gran parte del territorio en disputa, y poco a poco se consolidaba como una potencia[16] que podría enfrentarse a los intereses de los Imperios británico y francés en conjunto; todos ellos con intereses que podrán en jugo en las postrimeras del conflicto, la posibilidad de arrebatarse los territorios del antiguo Kanato de Crimea, pues los conflictos internos del Imperio Otomano[17] perfilaban un escenario en donde las campañas de Crimea fuesen la mediación tanto para apoderarse del que comenzaba a ser ya un decadente Imperio, así como para evitar al mismo tiempo que Rusia se consolidara completamente como una potencia que pusiera en riesgo los intereses: austriacos, prusianos, francés e ingleses, el posible comienzo de un gran desbalance que lograse romper el equilibrio de poder al interior de Europa.

Es así como podemos atender el escenario de lo que puede ser considerado como el primer gran enfrentamiento armado por el control y redefinición del mercado mundial, pues si se lograba romper por completo el papel central que jugaba para entonces el políticamente decadente Imperio otomano, se podría hacer un total reacomodo del mundo, redefiniendo así el orden geopolítico temprano, pues si bien Francia e Inglaterra deseaban, al igual que Rusia, la disolución del mundo islámico, estos no estaban dispuestos a permitir que el control del mundo pasara a manos de los Romanov, pues era por todos conocido que quien asestase el golpe de gracia al Imperio otomano, sería quien habría de convertirse en la nueva hegemonía de Europa, y para la fecha, ya no sólo del subcontinente sino del mundo entero. Es por ello que en un desesperado intento Francia, Inglaterra y el Imperio otomano se aliaron para hacer frente a la Rusia zarista de la dinastía Romanov, lo que habría sido fundamental para extender la vida del decadente imperio.

Recordemos además, que es en ese periodo de la historia donde se juega el control por la posibilidad de consolidar una revolución industrial, la cual sabemos fue desplegada por Inglaterra y Francia –principalmente- algo que no puede entenderse del todo sin la consideración de la tremenda experiencia que habrían adquirido durante la guerra de Crimea, mediante el uso militar de la incipiente tecnología del siglo XIX en el conflicto, aunado al hecho de que la alianza política con el Imperio Otomano aplazara su caída hasta finales de la primera Guerra Mundial, un punto de vital importancia para entender el desarrollo de la U.R.S.S..

Detengámonos nuevamente para reflexionar este periodo, principalmente para comenzar a considerar la posibilidad de definir el contexto en el que se estaría construyendo el mundo que se disputaría el control del mercado mundial, en ese sentido, por segunda vez, en lo que será denominado como la “primera guerra mundial”, razón por la cual empezamos a considerar en perspectiva, más bien como la segunda, pues la importancia de la Guerra de Crimea nos ha mostrado que políticamente es tan importante como los enfrentamientos de 1914-1918 y 1934-1945, comúnmente denominados como “la primera y la segunda guerra mundial”, por ser el primer enfrentamiento bélico plenamente moderno[18], en donde la guerra se convierte en el escenario perfecto para desarrollar y desplegar el uso militar de la técnica[19], cuyo núcleo rector es el hecho de ser una salida político-económica por el control del mercado, es decir, por el control de los recursos, los productos y medios de trabajo, donde además se juega el control por la propiedad de la tierra.

Uno de los principales resultados del conflicto fue el comienzo del desplazamiento de las tensiones de la región de Crimea a los Balcanes, tal como habíamos sugerido, de la misma forma, Jorge Vilches nos dirá de una forma muy sugerente –pero hasta cierto punto confusa, pues su intención es claramente liberal- que después de la Guerra de Crimea “Turquía quedó dependiente de Gran Bretaña y Francia, que deseaban quedarse con los restos del Imperio de los sultanes. Esa dependencia creó una conciencia antioccidental, pero también otra modernista que acabaría instaurando la República. Pero esa debilidad turca lo que hizo fue convertir los Balcanes en un lugar apetecible para Rusia y Austria, convirtiéndolo de esta manera en el nuevo avispero europeo y, por tanto, en el epicentro del siguiente gran conflicto mundial, la Guerra del 14 (Vilches, 2014)”. Dándonos así el trampolín necesario para entender la relación no sólo entre el conflicto Palestino Israelí, sino entre las regiones balcánicas pues comenzamos a vislumbrar que los intereses coloniales del Inglaterra, Francia y Rusia, jugarían un papel central en la conquista de lo que habría sido el Imperio otomano.

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Retroceso del Imperio Otomano hasta 1914[20]

Antes de pasar de largo por este periodo de la historia ampliamente rescatado y prácticamente por todos conocido. Hagamos manifiestas nuestras interpretaciones de dicho conflicto, pues si consideramos la unidad de estos enfrentamientos con el movimiento de la economía mundial, la guerra entre 1914 y 1918 toma más sentido que el sólo hecho de enunciarse como el azaroso resultado de un conflicto desencadenado por el asesinato del archiduque Franz Ferdinand, con la que diferimos profundamente, pues se nos pondría de manifiesto que en realidad obedecería a que el lugar del conflicto habría sido desplazado durante cerca de cien años, más aún, se nos presenta de golpe que si bien esto ocurrió geográficamente, su fundamento no se habría trastocado. Pues la razón que nos aparece como principal sentido del conflicto es el control del mercado mundial, cuyo punto de conflicto habría sido desplazado al Imperio Austrohúngaro, hacia los Balcanes, confirmando la azarosa pero sugerente hipótesis de ese periodista desconocido.

Consideración a la que se le encadena una cuestión que no podemos dejar de lado, el hecho concreto de que al hacerse manifiesto tanto en términos bélicos como comerciales[21] que la industrialización es el fundamento del poder económico, militar y político. La lucha por el control de los nudos de conflicto, es fundamental para ejercer así una auténtica hegemonía político-económica. Una idea que nos es tremendamente sugerente, en un momento en el que vivimos la posible ReOrientación[22] del mundo tal como lo conocemos, desde donde empieza a tener mucho más sentido el conflicto contemporáneo, cuando existe la necesidad de retomar el control del medio oriente. Así salta a la vista que el enclave particular que tendría Israel, como uno de los principales enclaves del antiguo Imperio Otomano, es una codiciada posición estratégica.

Pero para ello nos es necesario atender que pasaba al interior del Imperio otomano al momento en que estalla la gran guerra de 1914-1918, para esto, es preciso retomar el contexto que se vivía en su interior -donde el orientalismo está de moda-, así como a los acontecimientos al interior de Rusia hacia 1881, pues tras el asesinato de Alexandre II, el primero de marzo, los judíos se convertirían en el chivo expiatorio del Imperio ruso, lo que provocará así, una ola de violencia que arrasará con gran parte los judíos que habitaban el imperio ruso[23], pues si bien los conflictos propiciados por los primeros intentos revolucionarios, se habían llevado acabo por las grandes masas de rusos pobres, los judíos se convertirían en el blanco privilegiado del régimen que veía en ellos, la oportunidad de legitimar su política de una religión plenamente ortodoxa, y al mismo tiempo la posibilidad de utilizarlos como carne de cañón en sus intenciones coloniales que venían siendo emprendidas desde la guerra de Crimea.

A la caída de Alexandre II,  su nieto Nicolás tomará el poder, siendo este quien habría desplegado la política antijudía más severa del régimen zarista. Razón por la cual se vivirá la primera desbandada de judíos, principalmente hacia Norteamérica, el resto, que permanecerá en Rusia se unirá a los movimientos revolucionarios. Un puñado de ellos, remitiéndose a las ideas románticas del siglo XIX, pero actualizadas y relocalizadas en la tradición judía, inventará el sionismo, razón por la cual tratarán de reactualizar su pasado y por tanto emigrarán a la antigua región de Palestina, aún controlada por el Imperio otomano, en donde si bien existía una pequeña comunidad judía, esta no tenía nada que ver con os intereses de los revolucionarios sionistas.

Los árabes que habitaban palestina, no desconfiaban de los judíos que arribaban, puesto que el rumor de la masacre en la Rusia zarista se propagó con rapidez, pues los primeros judíos más que ser vistos como colones, fueron recibidos por todo el mundo, en calidad de exiliados, esto debido a que aún se respiraba el ambiente propio a las tensiones de la guerra de Crimea, en donde Rusia habría desempeñado el papel central del conflicto, y por tanto, todo enemigo de régimen zarista se convirtió inmediatamente en un aliado potencial.

Uno de los personajes que habremos de considerar es Theodor Herzl[24], quien en 1897 presidirá el Primer Congreso Sionista, una respuesta inmediata al  Affaire Dreyfus, desde donde a Herzl le quedará claro que si incluso la France de Lumières, no pretende extender la mano a los judíos, la solución es inexorablemente la construcción de un Estado judío, creando la estructura de un aparato político eficaz, poniéndose como meta cincuenta años, ni uno más, para lograr construir un Estado judío. Debido a los nexos y conexiones que habrían construido en el congreso de Viena, los sionistas son poseedores de su propia banca, prensa en múltiples idiomas,  y una organización mundial cuyo principal objetivo consiste es la adquisición de tierras en Palestina para la construcción de su proyecto, un Estado judío.

Theodor Herzl

Los judíos que llegarán a palestina no tienen nada en común con los judíos de palestina. De ideas distintas, con un proyecto político en marcha, ricos y desde luego sin la experiencia de una convivencia hasta cierto punto pacifica con las demás religiones. Adquirirán todo tipo de tierras en palestina, sean o no fértiles. Sin embargo, los contratos de compraventa tenían una clausula especial en la cual, una vez que se convirtiese en propiedad del pueblo judío, la tierra no podría ser trabajada por nadie que no fuese judío. Una cláusula que aseguraba el despojo territorial del pueblo palestino, y al mismo tiempo la base de un proyecto de nación desplegado a partir de las ideas y proyectos engendrados en el congreso sionista.

Este fue el comienzo de un ambicioso proyecto que se llevaría a cabo mediante el nombre clave de “Kibuts”, haciendo referencia a la idea de comunidad, una mescolanza ininteligible entre el proyecto sionista y las ideas socialdemócratas que empezaban a proliferarse en al interior de la  Europa post revolucionaria (hacemos referencia a las revoluciones ocurridas entre 1848-1870).

Una aventura nacionalista cuya organización bien podría ser pensada y entendida desde el comunismo, una aparente sociedad ejemplar en donde todo era comunal, pleno de consignas revolucionarias, sueños para el futuro y desde luego sin el yugo de la dominación que habían vivido no sólo en la Rusia Zarista, sino en el resto de Europa. Sin embargo, esta ilusión era opacada por el profundo sectarismo que les caracterizaba, pues si bien podrían haber sido el ejemplo concreto de lo que representaría un proyecto comunistas, su profundo y marcado nacionalismo, de sepa sionista, y recientemente inventado, marcaba una línea divisoria entre el hecho de ser o no ser judío. Razón por la cual comenzarán a darse las primeras tensiones con los habitantes de la  palestina aún a cargo del Imperio Otomano.

La primera generación de Kibuts, aprenderá a compartirlo todo, siempre y cuando de judíos se trate, aprenderán además que si bien son un pueblo sin tierra, de ahora en adelante y desde ese momento, se encuentran ahora en su tierra, una tierra despoblada. Lo cierto es que esa idea que prevalecerá en el espíritu del pueblo judío, es el resultado de un pasado colonial, pues si bien son judíos culturalmente, las ideas desde las que habrían desprendido su pasado responderían a las tradiciones coloniales que pretendían a la tierra como vacía, siempre y cuando no estuviesen en juego los intereses de alguna otra potencia colonial[25].

El mismo año un aún joven Daniel Ben Gourion[26], quien será el primer mandatario del estado judío, proclama abiertamente que el pueblo judío no puede ser juzgado por lo que de él se dice, sino por lo que hace, haciendo un claro paralelismo con las intenciones coloniales de las potencias europeas que comenzaban a reprochar la expansión sionista al interior del Imperio Otomano, para entonces aún su aliado, y por tanto un motivo de posibles conflictos futuros entre estas grandes potencias, que verían en él de hecho, la posibilidad de un deslinde político en un proyecto que desde luego habrían tenido desde los tratados firmados al final de la Guerra de Crimea a finales de 1856, en donde se habría trazado una supuesta amistad con el Imperio Otomano.

Ben Gurion

Francia e Inglaterra deseaban entonces alguna excusa para romper las relaciones con Mehmet V, quien no tenía ya la capacidad real de poder hacerles frente, sin embargo, si la ruptura venía por parte de Francia o Inglaterra, esto podría desencadenar un enfrentamiento con la Prusia de Guillermo II, un amigo cercano al régimen de Mehmet V. Por ello las tensiones políticas que engendraría la construcción de un Estado judío se vislumbraban como la posibilidad real de desarticular de una vez por todas, el territorio de lo que alguna vez habría sido el vasto Imperio Persa, desde las costas del áfrica sahariana en el atlántico hasta el corazón del mal llamado medio oriente en la frontera con al actual India. Uno de los imperios más esplendorosos que ha conocido la humanidad, pero no caigamos en una posición nostálgica, pues recordemos que es ese mismo imperio el que habría sometido a los pueblos eslavos, pues fue también uno de los grandes imperios esclavistas, que habrían llegado a rivalizar fácilmente con lo hecho por el colonialismo europeo en el caribe americano. Es pues, la alianza con Guillermo II para el conflicto de 1914-1918 lo que costará a Mehmet V la pérdida de su trono y la caída final del imperio Otomano.

El punto culminante del problema palestino-israelí comienza a tomar forma, pues se nos presenta ya como un conflicto territorial de sepa colonial, cuya intención originaria habría sido no sólo la ampliación del mercado europeo al núcleo del imperio otomano, sino a su vez como una herramienta de negociación en las complicadas postrimeras de las guerras mundiales. Un evento de potenciales consecuencias históricas.

Si nos situamos en 1915, al interior del Imperio Otomano, podremos asistir al momento preciso en el que las potencias imperiales, Francia e Inglaterra, desplegarán todo su potencial para tratar de desarticular al imperio otomano desde su interior, pues se aliarán con Ali Ibn Husain[27] el patriarca de la Meca, quien declarará la Guerra Santa, pues se le prometió un mundo árabe unificado, promesa que desde luego no será cumplida una vez que se haya derrocado al Imperio Otomano desde su interior por las grandes revueltas que habrían ocurrido en ella.

La razón de no haberse cumplido este acuerdo se debe a que en 1917, en una recamara del Hotel Budapest en Paris[28], dos altos funcionarios se repartirán la mayor parte del ya decaído Imperio, lo que se muestra en color rojo, pertenecerá a Inglaterra, lo que se puede observar en color azul le pertenecerá a Francia, y lo que se puede apreciar en color café, se convertirá así, en una zona internacional. Podemos asistir, así como es posible apreciar, a la construcción del territorio que posteriormente será denominado como el Estado de Israel. Más aún, no adelantemos conclusiones.

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División del Imperio Otomano

(Imagen extraída del documental (Bitton, 1997))

En 1917[29], la armada británica arribará a Palestina, tomando el control armado de la zona que habría sido declarada como un territorio libre del mandato tanto francés como inglés. Una maniobra que pondrá en tensión la relación franco-británica. Dando lugar así, a la famosa “Declaración Balfour”. La opinión generalizada, del problema puede ser manifestado con la entrada que aparece en Wikipedia, pues nos da cuenta de las formas en las que se suele leer, el sentido de esta declaración, despolitizadamente, y omitiendo el contexto político e histórico que se vivía, en la palestina recientemente dividida por los tratados de guerra del 1917.

“La Declaración Balfour fue una manifestación formal del gobierno británico publicada el 2 de noviembre de 1917 en la que el Reino Unido se declaraba favorable a la creación de un hogar nacional judío en Palestina. El formato del documento es una carta firmada por el Secretario de Relaciones Exteriores británico (Foreign Office), Arthur James Balfour y dirigida al barón Lionel Walter Rothschild, un líder de la comunidad judía en Gran Bretaña, para su transmisión a la Federación Sionista de Gran Bretaña e Irlanda. La Declaración, donde el gobierno británico decidió apoyar la creación de un hogar judío en su Mandato, es considerada como la primera declaración de una potencia mundial en favor del derecho del pueblo judío a establecerse en la Tierra de Israel[30]”.

Lo que nos salta a la vista de forma inmediata, es sin duda, el hecho de que se apele a un histórico derecho por el hecho de que se construyó un artificioso vínculo directo entre los judíos en palestina, que como ya mencionamos no compartían ni los intereses, ni las intenciones del movimiento sionista, por ello, podemos señalar con claridad que las intenciones reales fueron las de hacer que los judíos británicos, con interese políticos propios a la corona británica, fuesen los judíos que llegasen con mayor facilidad al territorio palestino. Podemos asistir así, a una lucha entre las potencias imperiales, por el control de ese territorio, bajo el apelativo de que sus judíos, es decir los judíos cuyos intereses estuviesen directamente ligados a los intereses imperialistas, se desplegaran en territorio Palestino.

Es así como comienza el arribo masivo de judíos, entre los que destacarán una vez más, Daniel Ben-Gourion y Zeev Jabotinski[31], quien sería uno de los primeros en perseguir la instrucción militar del pueblo judío, pues como era de esperarse las tensiones al interior de Palestina se intensificaban cada vez más, pues el pueblo palestino asistía a la desaparición del Imperio Otomano, al abandono de las promesas franco-británicas de construcción de un estado árabe unificado y lo más trágico, a la colonización de las tierras que habrían compartido con el auténtico pueblo judío. Es pues, así como se perfila el nacimiento del Estado Israelí, y de los grandes conflictos palestinos, que serán legitimados con la incorporación formal de Israel a las Organización Mundial de las Naciones Unidas en 1948[32].

Asistimos así al comienzo de la progresiva conquista del mundo árabe que se prolongará hasta el día en que redactamos este escrito, en donde podemos ver que el conflicto que vivimos no es sino el punto culminante del proyecto de Herzl, el de construir un estado sionista, habremos de distinguirlo profundamente pues sabemos ahora que este es y ha sido siempre un proyecto de orden colonial, que actualmente sólo ocurre que el proyecto iniciado en 1915 que está a punto de ser concretado, cien años depúés.

 

 

 

 

Bibliografía

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[1] Desde 1568 pueden contarse trece enfrentamientos entre el Imperio Persa -posteriormente Otomano- y el Imperio Ruso (1568-1570), (1571-1574), (1676-1681), (1686-1700) parte de la Guerra de la Liga Santa, (1710-1711), (1735-1739), (1768-1774), (1787-1792), (1806-1812), (1828-1829), (1853-1856), (1877-1878), (1914-1918) parte de la primera guerra mundial (Childs Kohn, 2013). Dándonos cuenta de las tensiones que han vivido estas dos grandes potencias históricas.

[2] “The Khanate of Kazan on the Volga broke away from the Horde in 1438; the third, appearing in 1441, was the Khanate of the Crimea, first led by Haci Giray […] …Haci Giray founded a dynasty which would rule the Crimea without interruption until 1783, the date of the Russian annexation (Fisher, 2008, pág. 2)”.

[3] “In spite of the fact that practically every academic work dedicated to the history of the Crimea mentions the importance of the slave-trade for the Khanate’s economy (Kizlov, 2007, pág. 3)”

[4] The Tatar slave trade in the Crimea, which began in the late Middle Ages and continued well into the eighteenth century, was finished only with the Russian acquisition of the Crimean Khanate by Russian Empire in 1774–1783 (Kizlov, 2007, pág. 19)”.

[5]Indeed, this event signified a beginning of a new era for the Jewish colonization of this area, when thousands and thousands of the Ashkenazic Jews from Eastern Europe rushed to the Crimea, with its mild and hospitable climate, vineyards, plough lands (Kizlov, 2007, pág. 19)”

[6] “From the Ottoman point of view the chief value of the Crimea was a military one, both as a defensive buffer against the north and as a supply of soldiers for campaigns elsewhere (Fisher, 2008, pág. 15).”

[7] “…the cities in the Crimea were important economic and trading centers for the Ottomans and were noted especially for the quantity and quality of Slavic slaves always available (Fisher, 2008, pág. XII)”.

[8] No podría hacer una afirmación de esa categoría pues en ese periodo en el atlántico la economía se jugaba no sólo en términos del comercio de esclavos sino de producción de azúcar, que si bien van de la mano, precisamos de una investigación de mayor envergadura para afirmar que una fuese más redituable que la otra.

[9] “El plan de convertir a Rusia en una potencia meridional había empezado seriamente en 1776, cuando Catalina puso Potemkin a cargo de Nueva Rusia (Novorossiia), los territorios escasamente poblados conquistados recientemente a los otomanos y situados en la línea costera norte del mar Negro, y le ordenó que colonizará la región (Figes, 2012, pág. 43)”.

[10] “Otorgó enormes extensiones de tierra a los miembros de la nobleza e invitó a colonos europeos (alemanes, polacos, italianos, griegos, búlgaros, y serbios) a establecerse en las estepas como agricultores (Figes, 2012, pág. 43)”.

[11] “Era una época en la que muchos arquitectos europeos construían edificios en la capital turca, sobre todo embajadas extranjeras, una época en la que el joven sultán prestaba apoyo a una serie de reformas liberales occidentalizantes y abría su imperio a la influencia de Europa en pos de lograr una modernización económica (Figes, 2012, pág. 66)”.

[12] “Mucho antes de que el Zar definiera al Imperio otomano como “el enfermo de Europa [1838]”, en las vísperas de la guerra de Crimea, la idea de que ese imperio estaba a punto de desmoronarse se había convertido en lugar común (Figes, 2012, pág. 70)”.

[13] “La maravilla arquitectónica del Crystal Palace eran en sí misma una prueba del ingenio constructivo de los británicos, capaces de idear un lugar digno de alojar una exposición cuyo propósito era demostrar que el Reino Unido estaba a la cabeza en casi todos los campos de la industria. […] La única amenaza posible contra la paz parecía provenir de Francia (Figes, 2012, pág. 171)”.

[14] “Para Napoleón, el conflicto con Rusia en Tierra Santa servía como medio de reunificar a Francia tras la división de 1848-1849. La izquierda revolucionaria podía reconciliarse con el golpe de Estado y el advenimiento del Segundo Imperio si estaba abocada a una lucha patriótica en nombre de la libertad contra “el gendarme de Europa”. En cuando a la derecha católica, desde hacía tiempo pedía una cruzada contra la herejía ortodoxa que amenazaba a la cristiandad y a la civilización francesa (Figes, 2012, pág. 174)”.

[15] “Rusa era el único país contra el que Francia podía luchar para recomponer su orgullo nacional. El recuerdo de la retirada napoleónica de Moscú, que tanto influyó en la rápida caída del Primer Imperio, de las subsiguientes derrotas militares y de la ocupación rusa de París, eran una constante fuente de dolor y humillación para los franceses (Figes, 2012, pág. 175)”.

[16] “Rusia era la de mayor fuerza determinante del acuerdo de 1815 y de la reinstauración de la dinastía de los Borbones en Francia. El zar era el enemigo de la libertad y un obstáculo importante para el desarrollo de las naciones Estado libres en el continente europeo. También era el único soberano que no reconocía a Napoleón como emperador (Figes, 2012, pág. 175)”.

[17] “Los serbios fueron los primeros que consiguieron su liberación por medio de los levantamientos, patrocinados por los rusos, que se produjeron entre 1804 y 1817 y que motivaron primero el reconocimiento turco de la autonomía serbia y finalmente el establecimiento de un principado de Serbia con su propia constitución y un parlamento encabezado por la dinastía Obrenovich. Pero el Imperio otomano estaba tan debilitado que su derrumbe en el resto de los Balcanes parecía ser sólo cuestión de tiempo (Figes, 2012, pág. 70)”.

[18] “También fue el primer ejemplo de una guerra verdaderamente moderna, en la que se combatió con nuevas tecnologías industriales, rifles modernos, barcos de vapor y ferrocarriles, formas nuevas de logística y comunicación como el telégrafo, innovaciones importantes en medicina militar, y corresponsales de guerra y fotógrafos situados el campo de batalla (Figes, 2012, pág. 18)”.

[19] Un periodista, al hacer un recuento del conflicto, logra explicitarlo de una forma que no podemos evitar señalar, incluso si no somos partidarios de su intenciones: “Fue la primera vez que quedó al descubierto que el poderío industrial era la clave de la fortaleza militar, y que la campesina Rusia poco tenía que hacer contra potencias económicas como Gran Bretaña y Francia. Y no me refiero solo al capitalismo de Estado; en el caso británico, la insuficiencia del aparato estatal para abastecer a las tropas lo suplió la iniciativa privada en todos los aspectos: armamentístico, alimenticio y médico. Quedó claro que un imperio o una nación expansionista, una potencia en definitiva, solo se sostendría sobre un poderío industrial y financiero; de ahí la carrera armamentística posterior hasta 1945 (Vilches, 2014)”.

[20] Obtenido de http://www.historiacontemporanea.com/pages/bloque2/la-cuestion-de-oriente/mapas_y_cuadros/mapa_retroceso El día 10 de octubre de 2014, a las 14:20 hrs.

[21] Para estas fechas, lo acontecido en guerra de Crimea, es decir, el uso industrial de la técnica se habrá ya reproducido prácticamente a todas las esferas de la vida social.

[22] Como lo muestran las sugerentes consideraciones de André Gunder Frank (Gunder Frank, 1998).

[23] « Les populations locales, qui, pour diverses raisons, voulaient en découdre avec les Juifs, entreprirent d’afficher proclamations et appels, de recruter des fauteurs de pogroms auxquels se joignirent bientôt volontairement, à la faveur de l’excitation générale, et appâtés par, un gain facile, des gens par centaines. C’était un phénomène incontrôlé (Soljénitsyne, 2002, pág. 161)».

[24] « Herzl eut l’occasion d’assister à la « dégradation publique du capitaine Dreyfus » ; convaincu de son innocence, il en fut bouleversé et changea de cap. « Si la séparation est inévitable, se dit-il, eh bien, qu’elle soit radicale !… Si nous souffrons d’être sans patrie, édifions-nous à nous-mêmes une patrie ! » Herzl eut alors comme une révélation : il fallait créer un État juif ! « Comme par un éclair, Herzl fut illuminé par cette idée nouvelle : l’antisémitisme n’est pas un phénomène fortuit relevant de conditions particulières, c’est un mal permanent, c’est l’éternel compagnon de l’éternel Errant », et « “l’unique solution possible de la question juive”, c’est un État juif souverain” ». (Pour concevoir un tel projet après bientôt deux mille ans de diaspora, quelle puissance d’imagination il fallait, quelle exceptionnelle audace !) Cependant, d’après S. Zweig, la brochure de Herzl intitulée Un État juif reçut de la part de la bourgeoisie viennoise un accueil « perplexe et irrité… Quelle mouche à isoler ? (Soljénitsyne, 2002, pág. 225) »

[25] En 1910, los judíos constituían tan sólo el 8% de la población de palestina (Soljénitsyne, 2002).

[26] « D’après le témoignage d’un mémorialiste, Ben Gourion aurait fait un jour savoir au reste du monde que « l’important est ce que font les Juifs, non ce que les goyini en disent » (Soljénitsyne, 2002, pág. 450)».

[27] (McMahon, 1915)

[28] (Bitton, 1997)

[29] (Soljénitsyne, 2002)

[30] (Colectivo)

[31] « On discute également le projet de Jabotinski de former une légion juive au sein de l’Armée britannique, et le plan d’I. Trumpeldor de « créer une armée juive en Russie qui ferait route par le Caucase pour libérer la Terre d’ Israël de la domination turque (Soljénitsyne, 2002, pág. 479)».

[32] (Soljénitsyne, 2002)

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