¡Viva el nuevo Estado sionista sobre las cenizas del “imperio” Otomano!

Palestina1

¡Israel!, ese gran pueblo emerge al fin, triunfante y estrepitosamente, como el resultado histórico de la colonización franco-británica del siglo XIX. Producto de la gran culpa -y deuda político-económica- que el antisemitismo colonial expresado en la segunda guerra mundial -lucha por el reparto del título de propiedad de la Tierra y no expresión de su participación en el conflicto- ocasionó en la mente de “esas buenas almas antisemitas” que en pie de la defensa de una tierra “santificada hace 2000 años”, resolvieron, dejándose envolver por un espiral de incertidumbre y propaganda, el proyecto que lograría conseguir la legitimación de ese gran vencedor, pues qué mejor lugar para defender sus intereses que instalarlos el consejo general de la organización de las naciones unidas para el desarrollo de la victoriosa “United States of America”, algo que ni la “gran mente política” de Hannah Arendt pudo expresar abiertamente, pues después de todo lo que con tinta negra delineó Charles Dickens en su tiempo para los hijos de esas luminosas “dos ciudades” -a las que incluso Hitler rindió tributo con sus mejores trapitos de Hugo Boss- parece que sólo de rojo podrá colorearse en el nuestro. Ecos de esa primera gran lucha que también habría de desplegarse en los primeros 14 años de eso que hoy -al igual que hace 100- nombramos el nuevo siglo, parece ser que el capitalismo no conoce otra forma de empezar a medir su tiempo que derramando la sangre del vencido, el condenado de la tierra.

Un conflicto que aparece anómalo -achacado a la religión para descontextualizarlo- tras ese velo de ilusiones alimentadas por la espera de un iPhone 6, que anhelando ser la voz desesperada de un neoyorquino entusiasmado por la paz de un conflicto que alimenta a su (E)estado -como los likes a su ego- constante y mistificadamente, por un humilde indio que a través de su subcontrato miserable consigue así probar que esa tan olvidada ley del valor que un apurado judio, preocupado no sólo por su pueblo, escribía sentado sobre la sofocante llama de unas nalgas encendidas por forúnculos, aún tiene sentido, incluso si ha tratado de ser manchada por los mares de tinta que desesperadamente garabateando sobre un cadáver pretenden maquillárle, para mostrar así que este aparente sinsentido tiene sentido más allá de la acumulación. ¡Brindemos!, pues este velo nos mantiene ajenos, la aparente paz perpetua que ha nublado hasta las conciencias más brillantes a través de la ilusión del fin de la historia es la prueba fiel de que la consigna postmoderna -expresión de la decadente civilización burguesa, para hacer honores a las limitaciones de nuestro barbón amigo- ya no es más una consigna sino una realidad, quizá Hegel al derretir sus alas logro identificar que el absoluto es más que un concepto, un vuelo que aún intentamos entender para superarle en su términos y marcar los nuestros, los que lo vemos más allá de un brumoso estilista, forma en la que los rayones lo pretenden rasgar, pero que le hacen lo que el viento Juárez como irónicamente se reza por mí pueblo.

Ideas generalizadas de un mundo que descansa en paz, sobre ese gran velo de neutralidad política, el cual no sólo ha logrado defenderse, sino permitirnos una vida alejada de la violencia que se expresa al fuego del cañón, sustituyéndola por una aún más sutil y perversa. Celebremos pues que está próxima la concreción del proyecto Sionista, pues es un hecho histórico el que estamos a punto de vivir -ya sea sentados frente al televisor, o disfrutando de los bombardeos en las colinas próximas a Gaza- pues lo que está a punto de lograr concretarse no es sino ese gran pagó histórico producto del golpe de gracia al “imperio” -pues Said bien lo dijo, a Europa le encanta medirnos con su pequeña vara- Otomano para la repartición del áfrica Berebere es pues, como resolvemos en el pueblo, “un pinche desmadre colonial” que aún intentamos entender, pues los acuerdos secretos del hoy día ridiculizado “Hotel Budapest” aún permanecen más ocultos que un bello en el culo de Buda, sentado sobre la perfecta mampara de la democracia liberal, que no necesita comprar los votos con tres tortas de huevo y salchicha -suspiros de una monja reprimida por una iglesia patriarcal-, cuantimás unos chescos, pues mientras la idea permanezca intacta, tan sólo impotente me siento a escribir en un blog, pues de está pedrada, ni yo me libro ni me libraré hasta que no sea parte de un grito que al unisono logre proclamar de lo más profundo de las entrañas la verdadera liberté -no en ese francés corrompido por las mieles del capital, sino por ese nuestro pueblo hermano despreciado incluso por no tener un gargajo atravezado, pues entre albures y criolé se busca un respiro a esta gran cojida que nos ha puesto el capital y su expansión colonial por ahora sí, más de 600 años.

PD: Espero pronto traducir este documental que fue la base que inspiro este pequeño comentario más lleno de rabia e impotencia que de estructura y lógica.

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