La dependencia expresada en Google, y la hegemonía cultual.

sutil

Hace apenas algunas horas me encontré con la tremenda sorpresa de ver el nuevo doodle de Google, el cual pueden apreciar en la imagen con la que se “decora” esta entrada, al verla inmediatamente vino a mí mente de forma cómica el hecho de que un Ghanes entrase a internet y viese que algo que le es cotidiano le recuerde la derrota. Cuestión que desde ese primer momento no parece para nada significativo, pero que si analizamos a profundidad nos revela intrincada relación a la que pocas veces enfrentamos a la crítica.

Internet de ninguna forma es ese espacio libre que en lo inmediato asumimos como tal, desde una posición que responda a la media social. Mucha tinta ha corrido ya respecto al hecho de la relación respecto a internet y las relaciones interpersonales, o la dependencia psicológica que nos causan las redes sociales, sin embargo pocas veces se le intenta atender desde una visión que implique la geopolítica de su relación.

Pues esa nube de la que dependemos todos los días, está atada a una materialidad concreta, millones de ordenadores, redes, satélites y demás aparatos tecnológicos –en una noción convencional de tecnología desde luego- que responden evidentemente a las legislaciones y necesidades de los lugares en los que se encuentran situados, y al referirme a lugares no sólo me refiero a su situación geográfica sino a las relaciones sociales que les dan sentido, pues todas esos millones de ordenadores no han conseguido aún prescindir del ser humano, y es esa la justa razón de ese hecho concreto.

Recuerdo que hace menos de un año salió a la luz un proyecto de una “internet” gestionada por los BRICS, algo poco usual si consideramos que no solemos romper con regularidad las barreras de nuestro idioma o del idioma hegemónico al navegar en la red, pero es de hecho muy común que los usuarios que intentan romper esas barreras lleguen a las famosas “fronteras digitales”, en las que un cierto tipo de contenido no está disponible para ciertas regiones del globo, generalmente países dependientes[1] –atendiendo al señalamiento de Marini respecto a pensarlos en términos de países subdesarrollados o en vía de desarrollo- lo cual implica justamente la imposibilidad de relaciones sociales más profunda, pues cuando se intenta tener acceso a los mismo contenidos identificamos que existe en internet una reproducción de las diferencias, algo que desde la tradición marxista puede ser leído justamente en términos de “dependencia de internet”.

Lo cual queda profundamente expresado en situaciones como la que el día de hoy enfrentamos. Ahora bien, en el ánimo de profundizar aún más en este hecho, acerquémonos a cuestiones más políticas para así develar las profundas relaciones de poder y subordinación que se ocultan tras cada clic del ratón.

Antes de continuar, por favor observen con detenimiento el mapa que tienen arriba, con un click derecho del ratón sobre la pestaña ver en tamaño completo ustedes podrán leerlo con mucho más detenimiento.

Es posible apreciar los flujos de información en volumen de datos que circulan en internet en donde es devastadoramente abrumador notar que es justamente Estados Unidos quien tendría el mayor volumen de tráfico de datos. Algo que quizá podríamos relacionar en un primer momento al hecho de que los contenidos estadounidenses (series, películas, videojuegos, etc.)” son los más populares” alrededor del globo. Un hecho que desde luego no cuestionaríamos de ninguna forma, sin embargo, no es el hecho en sí lo se presenta como el núcleo de nuestro problema sino es justamente lo que rebasa ese nivel aparencial al que se enfrenta la crítica.

Es pues una situación de dependencia, pues la industria de las telecomunicaciones tiene una materialidad concreta la cual, como podemos apreciar, si bien tiene grandes flujos en los BRICS aún no alcanza los volúmenes de los Estados Unidos, y la razón es justamente el hecho de que empresas como Google (Youtube, Gmail, Circles, Google docs, etc.), Yahoo, Twitter y desde luego la red social más famosa de nuestro lado del mundo –lo cual es justamente un hecho al que regresaremos más adelante- Facebook tienen su sede física ahí.

Algo que poco a poco ha pasado a ser “menos visto” por los “intelectuales[2]” de los países centrales, que leen torpemente en la división internacional del trabajo y su respectiva matriz de poder, la desindustrialización de las naciones centrales y la industrialización de las naciones periféricas. Cundo es de hecho una relación de profunda interdependencia, pues las naciones centrales dependen de la producción de mercancías físicas de las naciones dependientes y las naciones periféricas de las metafísicas. Aunque claro si se pretende ser más específico en dicha cuestión habría que precisar que son de hecho “invenciones” las que se producen en los países centrales y su manofactura se lleva a cabo en los periféricos, algo que no es de hecho ninguna novedad.

Sin embargo, la cuestión debe profundizarse aún más pues es justamente el hecho de que existan esos mecanismos del poder lo que posibilita la existencia de una hegemonía cultural, pues sería gracias a estos mecanismos que se podría mantener esa idea de una sociedad global, cuando en realidad dicha globalidad responde de hecho a una lógica de clase. Pues las fronteras existen para toda persona que no pueda avalar su calidad de mercancía preciada. Aunque claro, el lenguaje universal de capitalismo es una excelente mediación para superar ese hecho.

Es pues precisamente el hecho de que internet sea una mercancía cultual y un mecanismo de producción de subjetividades lo que ocasiona que exista dicha relación de dependencia. Lo que nos muestra que existe aún un punto nodal que los famosísimos BRICS aún no han logrado siquiera tocar, pues la hegemonía es aún bastante clara, algo que Google no duda en recordárnoslo, pues justo el lugar y el momento adecuado para hacerlo.

[1] Huelga aclarar que no se hace una homologación de los intelectuales de países centrales sino justamente de las lecturas más populares que ahí tienen su génesis y se difunden por los propios mecanismos de la matriz de poder global, en donde es justo por dicha dependencia o en términos del amorfo –en tanto a las distintas posiciones- cuerpo teórico que es giro decolonial, colonialidad.

[2] Marini nos indica que: “[…] la división internacional del trabajo, que determinará el curso del desarrollo ulterior de la región [América Latina]. En otros términos, es a partir de entonces que se configura la dependencia, entendida como una relación de subordinación entre naciones formalmente independientes, en cuyo marco las relaciones de producción de las naciones subordinadas son modificadas o recreadas para asegurar la reproducción ampliada de la dependencia. El fruto de la dependencia no puede ser por ende sino más dependencia, y su liquidación supone necesariamente la supresión de las relaciones de producción que ella involucra (Marini, 1987, pág. 18)”.

Bibliografía
Marini, R. M. (1987). Dialéctica de la dependencia. México: Editorial Era.

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