¿Vida cotidiana o afirmación del orden social dominante?

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Se puede distinguir entre necesidades verdaderas y falsas. Falsas son aquellas que intereses sociales particulares imponen al individuo para su represión: las necesidades que perpetúan el esfuerzo, la agresividad, la miseria y la injusticia. La mayor parte de estas necesidades de descansar, divertirse, comportarse y consumir de acuerdo con los anuncios, de amar y odiar lo que otros odian y aman, pertenece a esta categoría de falsas necesidades.”

Herbet Marcuse. El hombre unidimensional. Pág. 35

La vida cotidiana se nos presenta como algo que es en definitiva ajeno a la teoría Marxista contemporánea, incluso si en los albores del Marxismo del siglo XX se colocó, de manera tangencial en muchas ocasiones, como uno de los aspectos importantes a considerar para tratar de desprender del desarrollo de las sociedades, el del capital. Algunas como las de Marcuse, con una visión fatalista del problema, en la que nos expone un mundo que debe obedecer sólo a las necesidades fisiológicas, lo cual es un problema tremendamente complejo puesto que homologar la cultura a la producción del capital, lleva oculta la bandera del eurocentrismo como ideología dominante -colonialidad del ser y del saber- pues como modelo de análisis crítico, nos llevaría al verdadero triunfo del racionalismo cartesiano -con ello, la implementación final de una modernidad en términos absolutos negando la posibilidad de un mundo otro-. Para evitar pensar así, desde un materialismo que “cree poder reducir la realidad humana a la árida abstracción de la materia en movimiento (Schmidt, 1972, pág.69)” es preciso construir mediaciones teóricas. Es por ello que recuperar visiones como las de Henri Lefebvre, así como el tratar de aportar a la crítica en los términos de ideología que Ludovico Silva nos plantea, pues la crítica de corte marxista nos parece la opción más pertinente ante el momento crítico emergente, por aportar una crítica desde la totalidad de las relaciones sociales dentro del capitalismo.

Lo que ahora nos corresponde entonces es construir las mediaciones necesarias para afrontar la crítica de la vida cotidiana. Así mismo, resaltar –a pesar de su resolución- el telos (Τέλος) expuesto por Marcuse, escindir las necesidades de las propias al capital.

La vida cotidiana no es una esfera de la socialidad que se encuentre escindida de la producción como realización de los sujetos, por ello entender que “el acto mismo de producción es también en todos sus momentos un acto de consumo (Marx, 1979. Pág. 46)”; concreción de la totalidad, en la que ese abstracto proceso se desprende de su forma fantasmagórica insustancial, materializándose en tanto vida cotidiana. Es ahí, en donde el concepto de sociedades burocráticas de consumo dirigido, como lo explicaría Henri Lefebvre se convierte en la categoría central de la crítica de la vida cotidiana, pero, ¿Qué sentido tiene el entenderla como una sociedad “burocrática” de consumo “dirigido” y no como el discurso hegemónico la adoptó en tanto “Sociedades de consumo”? La respuesta es sencilla, pues, al eliminar el adjetivo “burocrática” de sociedad, se le desprenden las mediaciones prácticas que articulan las formas de socialidad, así mismo, al eliminar “dirigido” de consumo, se elimina por completo la politicidad del término, haciéndolo por tanto ambiguo e inútil ante una posición crítica.

Es en este punto en el que regresar a Marx se hace fundamental, pues las consecuencias de entender al momento de la producción como el momento del consumo, nos lleva a tener una actitud crítica, Marxista, ante la vida cotidiana pues “el producto se hace realmente producto sólo en el consumo.. [lo cual implica que] …el consumo crea la necesidad de una nueva producción.. [debido a que] La producción no solamente provee un material a la necesidad sino una necesidad al material. La producción no solamente produce un objeto para el sujeto sino un sujeto para el objeto. [produce] En consecuencia, el objeto del consumo, el modo del consumo y el impulso al consumo (Marx, 1979. Pág. 48-49)” de las distintas formas de socialidad capitalista.

Con el fin de entender cómo se produce/consume la vida cotidiana se plantean aquí cuatro formas -indivisibles entre sí- del despliegue de la cotidianeidad: La educación, la sexualidad, el espectáculo y la familia, pues se consideran momentos esenciales de todo sujeto, sin importar la singularidad de las distintas formas de socialidad dentro del capitalismo, momentos que no pueden ser por tanto escindidos de cualquier forma social existente.

Puntual es la sutil distinción que juega políticamente de forma casi imperceptible, el hecho concreto de que el papel de cada sujeto es siempre distinto, empezando por la distinción formal que existe entre hombre y mujer, encadenando a este desprendimiento, que el papel de esa mujer y de ese hombre cambian en función a las condiciones de socialidad, por ello, es preciso distinguir que la vida cotidiana es siempre distinta, es decir, no hay dos formas iguales de vivir la cotidianeidad.

Por último, en concatenación enunciativa, se debe considerar que el capitalismo como modelo hegemónico, se propagó históricamente como el cáncer en las células, alterando sus funciones, pero no así su existencia como células, distintas entre sí pero símiles en su condición de células, es decir, que el capitalismo se propagó sobre innumerables formas de socialidad anteriores al capitalismo, por lo cual, la vida cotidiana de un “mexicano” no es para nada la misma que la de un “coreano”, pues para el primero el concepto chaebol (재벌) –negocio de familia- le es tan cotidiano como al segundo el de maiceado; incluso si su finalidad es similar, perpetuar de distintas formas el orden social hegemónico a través del control de un escenario de la producción o de la política, destacando a su vez que a pesar de contener la misma esencia, no se concretan en la misma forma, pues obedecen a procesos completamente distintos en sus particularidades. Es así que se plantea entonces, una última cuestión: el lugar –entendido como espacio/tiempo- desde donde se enuncia la crítica es siempre distinto.

Se han construido entonces tres mediaciones teóricas: 1) La producción –mercancías, sujetos y necesidades- es inmediatamente consumo, 2) es preciso deprender las necesidades de las propias al capital y 3) la forma de vivir la cotidianeidad cambia en función de quien la enuncia así como desde el lugar –entendido como espacio/tiempo- desde donde se enuncia, por tanto la forma particular del momento de la crítica es siempre distinto. Lo cual nos exige entenderla como totalidad, como proceso así como en su singularidad, es decir, en su conjunto.

Procedamos entonces a esbozar un panorama de los problemas que cada uno de estos escenarios nos proponen: La educación, la sexualidad, el espectáculo y la familia en cada unos de esos despliegues, sin embargo, es preciso destacar que no es sino una escueta esquematización que trata de puntualizar algunos de los aspectos fundamentales del despliegue de dicha cotidianeidad, pero que sin embargo no alcanzan a consumar la esencia de la vida cotidiana como ideología dominante estructuradas en tanto sociedades burocráticas de consumo dirigido.

En principio, la educación es quizá el momento más complejo e importante del despliegue de la cotidianeidad, puesto que “representa, directa y conjuntamente, los dos sistemas más poderosos de la autoridad social: La Familia y el Estado. [El nuevo sujeto], es su hijo sometido y agradecido. Siguiendo la misma lógica del hijo sumiso, participa de todos los valores y mitificaciones del sistema, y los concreta en sí mismo… ..un papel provisional que lo prepara para el papel definitivo que asumirá, como elemento positivo y conservador, en el funcionamiento del sistema mercantil. [La educación] No es más que una iniciación (Kayatí, 2008. Pág. 2-3)”. Es por ello que articular una crítica en el momento de la educación nos propone pensar a partir de una pedagogía distinta, “por esto el dialogo es una exigencia existencial. ..siendo el encuentro que solidariza la reflexión y la acción de sus sujetos encausados hacia el mundo que debe ser transformado y humanizado, no puede reducirse a un mero acto de depositar ideas de un sujeto en el otro, ni convenirse tampoco en un simple cambio de ideas consumadas (Freire, 1970. Pág. 71)”. El mundo nos exige una nueva forma de pensar y actuar la educación.

Esto nos conecta inmediatamente a uno de esos momentos de la educación, que es a su vez el comienzo del despliegue histórico social de la sexualidad, ese momento en el que se estructura el papel formal social de cada uno de los sexos pues “es precisamente ese elemento -histórico y social- que determina que una esposa es una de esas necesidades del trabajador… [que] ..es este elemento en que está subsumido todo el campo del sexo, sexualidad y la opresión sexual (Rubin, 1986. Pág.101)”. Pues la sexualidad se encuentra escindida del momento educativo, del placer e tanto realización de ambos sujetos atado a normas profundamente ideológicas, que no son sino la suscripción de las sociedades ante un orden social hegemónico –judeocristiano- en el que la sexualidad se desdobla en negación, en tabú para el sujeto ordinario, y no así, en la otra forma en la que logra desplegarse, como espectáculo, como forma social mercantilizada, en la que ya no sólo existe una subordinación sexual hacia la mujer, sino también ante el hombre.

Es por ello que la crítica de la vida cotidiana, se encuentra con su momento más polémico, el espectáculo, pues la forma social en la que se configura el capitalismo depende profundamente de este y este depende profundamente del capitalismo, pues, “el espectáculo, comprendido en su totalidad es a la vez el resultado y el proyecto del modo de producción existente. No es un suplemento del mundo real, su adjunta decoración. Es el corazón del irrealismo de la sociedad real. Bajo todas sus formas particulares, información o propaganda, publicidad o consumo directo de entretenimientos, el espectáculo constituye el modelo presente de la vida socialmente dominante (Debord,1992. Pág.11)”.

La cuestión nos lleva entonces, al lugar en el que nace y se sostiene el modo de producción social capitalista, ese que se ha tocado tangencialmente a lo largo de de los despliegues de la cotidianeidad que sin embargo son y no son en sí mismos momentos ajenos en todo sentido a la familia, son en tanto núcleo de la reproducción ideológica, no son, en tanto espacios que determinan a su vez la reproducción de dicho núcleo de socialidad. La familia es el momento de la producción y del consumo, la familia es entonces, la forma más singular y concreta del despliegue de la totalidad, el núcleo de las sociedades burocráticas de consumo dirigido. Sin embargo, para entender a la familia es preciso tener en consideración las mediaciones que se han construido, pues la familia no es un producto del capitalismo, es una estructura anterior sobre la que el capitalismo se montó, no en los falsos términos conceptuales que el Marxismo clásico a convertido en ideología de la relación –estructura/superestructura- sino como metáfora de un proceso de incorporación de una nueva determinación social en una anterior, que ha llegado a tal punto que se pueden entender como una misma, en que, no puede hablarse de familia sin pensarla burguesa, sin pensarla concreción del despliegue de la cotidianeidad.

Es por ello que la vida cotidiana en su conjunto se concibe en su totalidad como ideología, en los términos de Ludovico Silva, pues “la ideología vive y se desarrolla en la estructura social misma, en su continuación interior, y tiene dentro de ella un papel cotidiano y activo. En concordancia con una estructura económica dominada por la explotación, la ideología [de la vida cotidiana] ha llenado un papel de justificadora de esa explotación (Silva, 1974. Pág.35)”. La cuestión entonces es en qué términos es la cotidianidad ideológica, por lo cual es preciso enetender que la ideología es “un sistema de valores, creencias y representaciones que autogeneran necesariamente las sociedades en cuya estructura haya relaciones de explotación a fin de justificar idealmente su propia estructura material de explotación, consagrándola en la mente… ..como un orden “natural” e inevitable (Silva, 1974. Pág.19)” es entonces necesario desprender los dos tipos de elementos ideológicos en el despliegue de la cotidianeidad: Los que pueden o no ser ideológicos y los que son siempre ideológicos.

En los propios al primer elemento podemos a su vez desprender tres: Los elementos políticos, científicos y artísticos. Que juegan un papel sumamente importante en la conformación de la ideología dominante en la que se sustenta la vida cotidiana y a los cuales debemos desprender dicha ideología para poder plantear desde ellos la posibilidad de una vida (no)cotidiana sino de una forma social otra. Así mismo debemos desprendernos de los elementos que son siempre ideológicos, los morales y los religiosos – en términos judeocristianos-. Pues estos son los que plantean el momento más ideológico del despliegue de la cotidianeidad, pues implican la atadura a una forma social anterior que el capital ha utilizado para afirmarse como forma social domínate, es por ello que es incluso necesario mostrar que la vida cotidiana en las sociedades burocráticas de consumo dirigido es en todos sentidos la afirmación, en términos ideológicos, del orden social dominante, es decir de la esencia capitalista en todas y cada una de las formas particulares del despliegue de la cotidianeidad.

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