Josefina, un engrane más de la maquinaria de imposición.

Con cada día que pasa, se hace cada vez más presente la férrea maquinaria de imposición, la cual se nos plantea casi imparable, pues tal parece que los golpes que se le dan a su supuesta nueva cara, contrario a toda lógica, sólo sirven para alimentar el numero de sus “simpatizantes”, apoyada de aplausos comprados, difundidos en uno de los más grandes inventos de la humanidad, una herramienta que bien utilizada puede cambiar la manera de transmitir el conocimiento, ese conocimiento que conduce a nuestra especie, una columna vertebral de la que se reniega día tras día, somos el hombre que reniega de su ser, vivimos en el mundo que como sociedad permitimos construir, y al cual alimentamos día con día a través de nuestra pequeñas o grandes decisiones, y del cual desgraciadamente no nos podemos liberar fácilmente, de ese sistema voraz e insaciable, que día con día refrenda su barbarie, donde personas obscenamente ricas se contraponen a otras violentamente pobres, sin embargo nos esmeramos en cerrar los ojos, somos como un enfermo que reniega de la existencia de una enfermedad mortal, que sabe que si no se trata puede llegar a morir, y sin embargo se niega a sí mismo la verdad de su realidad con la clara consecuencia de su inevitable muerte.

Como sociedad nos hemos cegado al grado de considerar tabú el sólo hecho de mencionar el nombre de nuestra enfermedad, la cual tiene distintas facetas, con la que convivimos y de la cual vivimos. Esa misma ceguera nos lleva a perseguir y reprimir a las células de nuestro cuerpo que intentan luchar contra esa gran enfermedad, que no necesito mencionar pues todos conocemos su nombre, quizás no ese nombre paradigmático que nos lleva a revivir ese periodo de lucha y conflicto que casi nos destruye como sociedad, pues en la guerra del burgués es sólo el pobre el que perece, en México esa maquinaria tiene una cara distinta, pues es sólo el carbón que lo mantiene vivo, incluso aquellos soberbios que se ven a sí mismos como dueños del país cargan con el estigma de la conquista. La enorme maquinaria de la que hablo, no es más que la de negarnos la cura a todos esos males que nos han llevado a estar en decadencia, a ser sólo el tímido reflejo que se niega a brillar entre toda la inmundicia, tenemos miedo incluso de reconocer que tenemos miedo, vivimos un momento histórico en el cual debemos tomar una decisión más importante de lo que parece, en la que debemos decirle a la célula que tenemos al lado, de este gran cuerpo que es la sociedad mexicana, estamos enfermos, únetenos y juntos busquemos una cura, una cura que desde luego no llegará de la mano de un sólo hombre. ¿De quién debemos exigir ese cambio? La respuesta es sencilla, todos la conocemos, pues es de nosotros mismos, pero no solos.

Esa enorme maquinaria de la que hablo es tan compleja que incluso pareciese ficción pero si algo nos ha enseñado la historia y desde luego la geografía es el hecho de que por más fantástico que pueda parecer algo real, es lo que es, y no más, en los hechos no hay lugar para la interpretación, ese grupo que divide el pensamiento del mexicano, es del que debemos tener cuidado, sé que tenemos miedo, pero acaso no es el miedo algo natural que todos aprendemos a sobrepasar con el tiempo y una vez superado nos ayuda a vivir. La maquinaria de la que hablo no es que esta vez sea más fuerte que las anteriores, es sólo que esta vez lucha para sobrevivir, que ve su muerte tan de cerca que lucha con todas sus fuerzas, que intenta entre su ego y arrogancia, de haber engañado a generaciones enteras, pues iluso aquel que piense que en México alguna vez el pueblo ha elegido a su gobierno, utilizar como herramienta al enemigo, rescatando la idea, divide y vencerás, pues esa maquinaria como último recurso utiliza la falsa idea de dar opciones y una de esas opciones sólo sabe atacar, mediante el uso de la descontextualización de ideas y la manipulación de la información, para así imprimir ideas falsas que le ayuden a mostrar que la imposición es sólo un cuento, un cuento que Chomsky sabe muy bien cómo se hace y de quien se puede obtener una respuesta inmediata, pero no total, pues esa respuesta a la causa de nuestra enfermedad sólo la ofrece el saber humano, pues es el hombre con su amplio deseo y ambición de obtener poder, que alguna vez fue meramente espacial, pero que ahora ha encontrado nuevas formas de manifestarse llegando al punto se parecer ficción.

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